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¿Por qué y cómo consiguen los perros que las personas nos sintamos más felices? ¿Es algo inmediato? ¿Por qué a veces sucede lo contrario?

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The Happiness Lab es un Podcast muy interesante en el que se analizan todo tipo de estudios relacionados con la felicidad. Bajo la batuta de la Dra. Laurie Santos, conocida por impartir una clase en Yale que muchos llaman "la clase de la felicidad" y que se ha convertido en una de las más populares en toda la historia de esta universidad, según explican en el New York Times, este podcast aporta información para ayudar a más personas a sentirse mejor, para que sepamos cómo -a través de la ciencia- podemos ser algo más felices. Y, cómo no, entre los "ingredientes" para una vida más feliz hay algún que otro ladrido...

Hace poco The Happiness Lab ha puesto el foco sobre los perros y lo ha hecho con un episodio tremendamente interesante que podéis escuchar aquí (en inglés). 

El vínculo entre perros y humanos aporta grandes beneficios a las personas pero, ¿qué dice la ciencia al respecto? ¿Se pueden conseguir esos beneficios incluso si es en compañía de un perro que no sea nuestro? ¿Es algo que sucede siempre? 

 

Lo cierto es que ese proceso es mucho más complejo de lo que se podría pensar a primera vista y de todo ello hablan en este episodio. Además, la Dra. Laurie Santos sabe mucho sobre este tema dado que ella fue la responsable del Canine Cognition Center en Yale.

Traducimos los argumentos y datos más relevantes tras el episodio.

No está aún del todo claro cómo se forjó inicialmente el vínculo entre los hombres y los perros, cómo se domesticó a los lobos pero, hay diferentes teorías al respecto pero lo que nadie pone en duda es que los perros descienden de los lobos, claro.

Aún así, la relación que tenemos con los perros ahora es totalmente diferente a la que tenían nuestros ancestros. Ahora los canes están integrados en nuestras vidas y en nuestra familia, viven en casa con nosotros y son compañeros de vida, explica Carri Westgarth, de la Universidad de Liverpool, autora de The Happy Dog Owner.

¿Qué dice la ciencia sobre los beneficios que aporta la compañía de un can?

Un estudio de Erika Friedmann en 1980 reveló, por ejemplo, que las personas que convivían con animales de compañía tenían cuatro veces más posibilidades de seguir con vida un año después de haber sufrido un ataque al corazón. Este interesante estudio, sin embargo, no demostraba que convivir con un perro fuera la causa de que esas personas se recuperaran mejor pero sí marcó el camino a posteriores investigaciones que sí midieron el ritmo cardiaco de los participantes al acariciar a un can, etc. y así probaron lo que se acuñó como el "efecto perro" sobre las personas.

Otro estudio de Karen Allen también midió ese "efecto perro" de una manera muy eficaz: el objetivo era comparar y examinar el efecto de la presencia de amigos, cónyuges y animales de compañía con respecto a la reactividad cardiovascular así como el estrés psicológico y físico. Los resultados fueron claros, las personas con animales tenían niveles de presión arterial y frecuencia cardíaca significativamente más bajos en reposo, aumentaron menos durante los momentos de estrés y se recuperaron antes. Es decir, los que menos estrés sufrieron fueron aquellos que estaban junto a sus canes (y los que más... los que estaban con su pareja).

Este estudio, explica Westgarth, fue por desgracia "traducido" por la prensa en titulares excesivos que venían a decir que los perros por sí solos solucionan la vida de las personas, mejorando su salud y reduciendo su nivel de estrés. Evidentemente esa "traducción" es un peligro.

Westgarth no solo es profesora de Interacción Humano-Animal en la Universidad de Liverpool, también es educadora canina y por eso ha visto en muchas ocasiones cómo un perro puede ser fuente de enorme frustración. Ella misma tuvo una experiencia así con su perra Roxy, algo que le llevó a analizar el "efecto perro" desde otra perspectiva.

Tener perro no es lo que mejora el bienestar de una persona sino la (buena) relación con ese can, algo que no es inmediato y que hay que trabajarse.

Esta es la clave: el vínculo con un perro no es algo que suceda sin más, no es algo inevitable sino un proceso que implica tiempo y a veces bastante trabajo por nuestra parte.

Empecemos por el ejercicio, explica la Dra Santos: el hecho de dar un buen paseo en compañía de nuestro can ya es algo que contribuye a que nos sintamos mejor (física y mentalmente). Y es obvio que, por lo general, nuestros perros nos inspiran a salir a dar una vuelta haga frío o calor, todos los días. 

Si, además, aprovechamos ese paseo para concentrarnos en el momento presente, algo que los perros hacen tan bien y de forma tan natural, entonces lograremos otro chute de felicidad y se reducirá nuestro estrés. Ver a un perro disfrutar hace que disfrutemos nosotros también porque nos obligan a olvidar, aunque solo sea durante un rato, los problemas cotidianos. 

Pero, claro, si en vez de dar un buen paseo tan solo los llevamos a dar una vuelta a la manzana enganchados al móvil, entonces no tendremos los beneficios asociados al ejercicio. De nuevo, no es tener perro lo que mejora el bienestar de una persona sino la relación y el cuidado que ponemos en esa relación.

La educación es otra clave: si no invertimos tiempo y esfuerzo en educar a nuestro perro para que se comporte como nos gustaría, si pretendemos que esto suceda por arte de magia, el resultado puede ser extremadamente negativo (incluso, como bien saben todas las protectoras, puede acabar con el perro de vuelta en un chenil o peor).

Esto está relacionado con otro gran beneficio asociado con tener perro: ellos fomentan las relaciones sociales.

Los perros pueden ayudarnos a establecer nuevos lazos con desconocidos también amantes de los animales u otros dueños de canes y la ciencia dice que incluso una breve charla con otras personas puede servir para mejorar nuestro estado de ánimo. Esto es algo que, por ejemplo, motiva campañas que buscan paliar la soledad de los mayores. 

Pero, evidentemente, si las interacciones son negativas -quizá porque nuestro can no está bien socializado- entonces el efecto es el contrario.

Es decir, resumen en el podcast, tener perro puede aportarnos grandes beneficios pero solo si nosotros, las personas, invertimos el tiempo y el esfuerzo necesarios para ello. El perro no es una tirita universal.  

 

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