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¿El perro se comió los deberes? Aún mejor, la perra se comió su pasaporte antes de un viaje

¿El perro se comió los deberes? Aún mejor, la perra se comió su pasaporte antes de un viaje

No es el Mundo Today, es una historia verídica la mar de simpática y con final extra feliz. Simona, la genial perra de la foto, se está haciendo famosa por ser pelín trasto pero, sobre todo, porque su dueño tiene mucho sentido del humor y también suerte.

Javier Márquez es politólogo mexicano y el humano perruno de Simona. Está visto que él iba a salir de viaje y, entre los preparativos para su marcha, dejó su pasaporte en algún lugar accesible antes de salir de casa.

Podríamos imaginar que Simona, de alguna manera, quería indicarle a Javier que no le hacía ninguna gracia que saliera de viaje sin ella. Porque así se encontró su pasaporte cuando volvió a casa.

Lo mejor es que él tuvo que completar un formulario narrando los hechos para intentar que le dieran un pasaporte nuevo lo antes posible... 

Y lo hizo como véis, un relato digno de ser publicado en alguna antología de historias cortas perrunas :-)

 

Pero no termina ahí la historia, qué va. Los funcionarios recibieron la noticia con igual sentido del humor y no solo emitieron un nuevo (y delicioso, en palabras de Márquez, pasaporte sino que... ¡le mandaron regalos a la perra delincuente!

Sí, Simona recibió un gran juguete y chuches por su labor de destructora de pasaportes.

 

¿No es genial? Qué bueno que se topara con funcionarios simpáticos y que todo se resolviera así de rápido.

Seguro que muchas personas por aquí tenéis algúna anécdota similar, si es así, ¡contadnos en comentarios!

En mi caso, cuando adopté a Tía en El Campito Salvando Peludos tenía un año, más o menos. Ella ya había vivido en familia aunque esa familia decidió que ya no quería vivir con ella y la devolvió. Pero, a lo que iba, Tía no parecía tener ansiedad por separación, no destrozaba cosas cuando la dejaba sola y, además, coloqué una camarita para ver qué hacía, por si las moscas. 

Entonces empecé con el entrenamiento del transportín, porque quería poder viajar con ella en tren para seguir perrunizando por toda España. Además de hacer ejercicios diarios, dejaba el transportín abierto, con juguetes y chuches dentro, en el salón de casa para ver si ella le cogía el gusto.

Un día tuve que estar más tiempo fuera porque era el 100x100 mascota y al volver vi cachitos de algo en el suelo... no entendía qué era hasta que me fijé en el transportín: Tía había ido mordisqueando a conciencia una de las puertas, toda la cremallera en concreto, para que no pudiera cerrarla ¿y no pudiéramos viajar?

Al final, tras pasar por una estupenda costurera y dejar bloqueada una de las puertas del transportín, ella descubrió que ahí se iba estupendamente y hemos podido seguir perrunizando en tren. Incluso en Ouigo, aunque no en AVLO porque ahí renfe ha decidido que no quiere perros. 

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