
El calor extremo y los desastres ambientales representan amenazas importantes para la salud y el bienestar de los perros. Dado que el cambio climático está intensificando estos riesgos, resulta fundamental comprender las percepciones y comportamientos de los tutores en relación con las enfermedades asociadas al calor (HRI, por sus siglas en inglés) y la preparación ante desastres.
Es lo que analiza un estudio del AHPC Center de la Universidad de Colorado que, a través de una encuesta a 421 familias con perros en EEUU en abril 2025, ha identificado las medidas preventivas se suelen adoptar y cómo de preparados están ante fenómenos meteorológicos extremos.
Lo que han comprobado es que muchos tutores están preocupados por el calor y cómo puede afectar a sus perros, sí, pero pese a ello no son realmente conscientes de todos los riesgos, especialmente en casos de perros que son más vulnerables al calor.
Aunque el 93,3% de los participantes vivían en zonas donde las temperaturas estivales superan regularmente los 27 °, muchos no modificaban de manera significativa las actividades al aire libre de sus perros durante los periodos de calor: paseos, juegos, ejercicio...
Solo el 40,3% afirmó reducir “un poco” la duración de los paseos durante el verano, sin diferencias significativas entre quienes convivían o no con perros braquicéfalos.
Muchas personas no son conscientes de que el calor es aún más peligroso para ciertos perros: los que están mayores o enfermos, los que tienen sobrepeso, los que son de razas que respiran peor (braquicéfalos) y esto es una laguna preocupante para los autores del estudio.

El conocimiento sobre los signos de enfermedad relacionada con el calor fue variable: el 85,7% reconocía la lentitud o rigidez como un síntoma, pero solo el 63,9% identificaba como preocupante un estado depresivo o una respuesta lenta.
Aunque la mayoría de los participantes (92,9%) sabía que debía trasladar inmediatamente a un perro sobrecalentado a una zona fresca, menos personas reconocían como adecuados métodos de enfriamiento eficaces como la inmersión en agua fría o la pulverización con agua.
La mayoría (83,0%) indicó que no evacuaría durante un fenómeno meteorológico extremo si no pudiera llevarse a su perro. Esta decisión era significativamente más frecuente entre los participantes jóvenes (18–40 años) y aquellos con ingresos medios (50.000–89.000 dólares anuales).
Aunque el 77,9% afirmó tener planes de transporte para evacuar con sus perros, solo el 46,3% disponía de kits de emergencia preparados.
El análisis de regresión múltiple mostró que un mayor nivel educativo (p < 0,001), una menor edad (p < 0,001) y haber vivido previamente fenómenos meteorológicos extremos (p = 0,014) se asociaban con una mejor preparación ante emergencias.
Los resultados también revelan una necesidad urgente de mejorar la preparación ante desastres: menos de la mitad de las personas entrevistadas tenían kits de emergencia completos, por si tuvieran que ser evacuados con sus perros.
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