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Educación canina

No existe el perro alfa: la teoría de la superdominancia y el comportamiento social de los canes en familia

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Clive Wynne es profesor de psicología, experto en comportamiento canino y director del Canine Science Collaboratory en la Universidad de Arizona State. También es autor de un libro tremendamente recomendable, Dog is Love y gran divulgador sobre todo lo relativo a los perros, siempre desde un punto de vista científico y ameno.

Su última publicación, El Perro Indispensable, ofrece un exhaustivo análisis sobre el complejo y peligroso concepto de la dominancia aplicado al mundo de los perros y también ofrece conclusiones importantes: sí, existe la dominancia pero no tiene nada que ver con lo que postulan ciertos educadores caninos estrella, los que indican que hemos de establecer nuestra dominancia sobre los perros de manera punitiva.

Los perros que viven con personas, los que viven en familia, tienen un comportamiento social muy distinto al de los perros que viven en manada. La jerarquía social que se establece entre perros que viven libres es muy distinta a la de los perros que conviven con personas. En esencia, en los perros que viven en familia no existe el perro alfa porque los humanos ocupan una posición de superdominancia.

Las personas controlamos la mayoría de los recursos de los canes, su comida, su tiempo de ejercicio, incluso cuándo pueden hacer sus necesidades. Los perros entienden esto y, por eso mismo, no tienen más remedio que mostrarnos deferencia. Esto es lo que da pie a la teoría de Clive Wynne sobre la "superdominancia" de los humanos sobre los perros.

La palabra "dominancia" tiende a generar rechazo pero, pero desde el punto de vista de Wynne, si el individuo dominante, el que controla los recursos, es generoso con esos recursos, ¿por qué un perro no estaría contento con esa situación?" Dado que nuestros perros ya saben quién manda, no hay necesidad de recurrir a demostraciones de dominancia cuando no se comportan como queremos. Más bien, opina Wynne, es mucho más efectivo el entrenamiento a través del refuerzo positivo, que enseña a los perros a asociar las acciones deseadas con las recompensas.

La idea de que los humanos necesitan afirmar activamente el dominio sobre sus perros proviene de observaciones obsoletas de lobos adultos no emparentados que viven en cautiverio. En esa condición antinatural, los lobos mostraban agresión y competencia entre ellos. Eso hizo pensar a los investigadores -allá por la década de los 70 del siglo pasado- que lo mismo debía ser cierto para los perros, ya que los lobos son sus ancestros salvajes.

Sin embargo, en condiciones normales, en la vida natural, los lobos viven en manadas familiares y diversos estudios -citados por Wynne- han demostrado que en realidad exhiben menos agresión y competencia entre ellos que los perros que viven juntos.

En uno de esos estudios los investigadores dieron a parejas de perros y lobos criados de manera similar un hueso para alimentarse. Entre los lobos, el subordinado podía alimentarse del hueso casi tanto como el dominante. Mientras que, entre los perros, el dominante acaparaba el hueso a expensas del subordinado.

La teoría propuesta por Wynne para explicar esto es que los lobos son cazadores mientras que los perros han evolucionado para convertirse en carroñeros. La caza y captura de presas vivas requiere cooperación y da como resultado un excedente de comida que no se puede guardar y que por tanto se puede compartir pero el caso de los perros convertidos en carroñeros su búsqueda de alimentos es necesariamente más efectiva a nivel individual porque cualquier otro can que trate de comer de la misma fuente de alimentos se convierte en competencia.  

Los cambios en el comportamiento social de los perros son menos obvios y algo paradójicos, según detalla Wynne: contrariamente a las teorías de la domesticación canina que proponen que los perros son menos agresivos y más cooperativos que los lobos, varios estudios muestran claramente que los perros, en sus interacciones con miembros de su propia (sub) especie, son más competitivos y agresivos que los lobos. Una jerarquía social estricta puede ser incluso más importante para los perros, ya que su comida suele ser en porciones pequeñas que no se pueden compartir, a diferencia de los cadáveres más grandes de los que se alimentan los lobos.

¿La diferencia crucial al hablar de los perros que viven en familia? Estos canes saben que no necesitan buscar comida porque la experiencia les demuestra que nosotros se la proporcionamos todos los días. Así se elimina la necesidad de ejercer dominancia para obtener un recurso y muestra otro error común en cómo se interpreta la dominancia: más que un rasgo de personalidad de un individuo, es una propiedad de las interacciones entre varios individuos.

Resumiendo, aclara Wynne, no existe un perro alfa. Siempre que sus necesidades sean satisfechas por su familia, cualquier perro estaría feliz de desempeñar el papel de subordinado.

Wynne también cita estudios que encontraron algunas formas reveladoras en que los perros comunican la jerarquía entre sí que también se pueden observar en las relaciones entre humanos y perros.

En los grupos de perros, los miembros del grupo subordinado a menudo pasan la cabeza por debajo de la barbilla de los miembros dominantes, lo que Wynne ve reflejado en la satisfacción de los perros que viven con personas al aceptar caricias en la cabeza. Y, por supuesto, cualquier dueño de perro puede atestiguar lo mucho que a los perros les gusta dar lametones, dar besos: este comportamiento también se observa entre grupos de perros, con miembros subordinados que muestran deferencia al lamer las comisuras de la boca de los miembros dominantes.

Según recalca el científico, el concepto que el propone para entender las relaciones entre perros y humanos, la superdominancia, no tiene nada que ver con las nociones que adoptan algunos entrenadores como César Millán o los Monjes de New Skete. Lo que esos entrenadores suelen querer decir cuando utilizan la palabra dominancia está más cerca de los conceptos de castigo positivo y refuerzo negativo. Pero, según Wynne, cuando un entrenador utiliza métodos en positivo, controlando el comportamiento de un perro a través de los premios, acaricia la cabeza de su can o le deja que le "bese", de hecho está expresando dominio sobre su perro en mayor grado que la persona equivocada que imagina que la dominancia se transmite al pasar antes por la puerta.

PD 1: No todos los etólogos están de acuerdo con las teorías de Wynne, aquí podéis leer la opinión de Mark Bekoff sobre el artículo de Wynne.

PD 2 Esta larga entrevista Clive Wynne analiza todo lo relativo a los perros y su relación con nosotros. Incluyendo lo que él denomina "la tragedia" de lo mayoría de los programas de TV sobre educación canina: mientras que las evidencias científicas -a favor de la educación canina en positivo- son cada vez más claras, esto no se ve reflejado en esos programas tan populares.

 

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