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De cachorro a perro adulto: el (fascinante) primer año en la vida de un can

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Los cachorros no pueden ver al nacer, no abren los ojos hasta el final de su segunda semana de vida. Tampoco pueden oír, su audición no empezará a desarrollarse hasta la tercera semana. ¿Cómo sobreviven entonces? Sobre todo, gracias a su olfato: desde el momento que nace, un can navega, descubre e interactúa con el mundo a través de su nariz.

El olfato es, desde su nacimiento y a lo largo de toda su vida, el sentido más importante para un perro, llegará a ser entre 10.000 y 100.000 veces más potente que el de las personas. Tienen millones de receptores olfativos, una cifra que puede variar según razas -un Pastor Alemán o un Labrador tiene unos 220 millones-, mientras que nosotros tenemos unos seis millones. Además, la parte del cerebro canino que se dedica a analizar los olores es, proporcionalmente, unas 10 veces mayor que la nuestra.

De hecho, los canes tienen algo así como una “segunda nariz”, el órgano de Jacobson, que es lo que los cachorros utilizan para encontrar a su madre y poder mamar su leche.

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Exploramos aquí, en colaboración con Royal Canin, cómo un cachorro va cambiando y desarrollándose a lo largo de su primer año de vida: es una etapa crucial porque los primeros meses de vida marcarán su correcto desarrollo y bienestar. Por eso mismo es fundamental estar preparados antes de la llegada de nuestro can (aquí podéis consultar consejos al respecto) y después ir atendiendo todas las necesidades concretas que puedan ir surgiendo -revisiones veterinarias, cuidar su nutrición, establecer rutinas...

Las tres primeras semanas: comer y dormir

Si la transformación que se produce durante las aproximadamente nueve semanas de la gestación en perros es impresionante, el desarrollo de los cachorros una vez en el mundo es igual de apasionante.

A través del aroma y el tacto, los cachorros encuentran el camino hacia su madre y sus hermanos para así obtener calor, cuidados y comida. No pueden aún andar con normalidad, más bien se arrastran apoyándose en las patas delanteras.

En esta etapa los canes pasan la mayor parte del tiempo durmiendo y es, justamente, crucial que puedan descansar tranquilos junto a su madre y sus hermanos.

Duermen y comen porque gracias a la nutrición que les proporciona su madre (incluyendo el calostro, que refuerza su sistema inmunológico) los cachorros van engordando un 5-10% de su peso corporal durante las primeras dos semanas.

La cantidad de peso está determinada por el tamaño de la raza: normalmente deben coger de 2 a 4g diarios por cada kg de un perro adulto de esa misma raza. Sus ojos empezarán a abrirse a los 10 o 14 días de nacer y comenzarán a oír, pero aún poco a poco.

Cuatro a ocho semanas: jugar, interactuar, descubrir

Sus ojos y oídos ya empiezan a funcionar (aunque su audición no se desarrolla por completo hasta las ocho semanas) pero ya reaccionan a la luz y a los sonidos.

Se interesan por el mundo que les rodea, empiezan a andar y moverse más, juegan con sus hermanos -aprendiendo gracias a ellos y a su madre habilidades sociales que serán clave en un futuro.

Las interacciones tranquilas con personas, juguetes y otros estímulos son muy importantes en este momento para el desarrollo mental de los cachorros.

Es también en esta etapa de su vida cuando les salen los dientes de leche -aunque su capacidad para masticar es aún muy limitada- y escucharás sus primeros ladridos.

Entre las cuatro y ocho semanas los cachorros deben comenzar a orinar y a defecar sin la ayuda de su madre, a la que seguramente empiecen a perseguir por doquier.

El pico de lactancia tiene lugar a las 3 semanas. A partir de ahí la producción de leche de la madre empieza a disminuir y deja de ser suficiente para cubrir las necesidades nutricionales de los cachorros, que necesitarán complementar su alimentación.

Por ello, y teniendo en cuenta que además son curiosos, van a probar el alimento de la madre de forma natural, combinando la leche materna con el alimento sólido y haciendo una transición gradual. Esta es la fase de destete, que en general coincide entre las cuatro a las ocho semanas.

De las ocho semanas en adelante:

Sus huesos irán creciendo hasta llegar a ser cuatro veces más fuertes que el hormigón.

Su audición, ya sí desarrollada por completo, permitirá al perro escuchar frecuencias hasta dos veces y media más altas que las percibidas por las personas. Los canes, especialmente aquellos con orejas erguidas, usan el pabellón auricular casi como si fueran antenas de radar que ajustan para captar mejor los sonidos (gracias a los 18 músculos específicos para ello que tienen).

Gran parte del crecimiento y del desarrollo muscular de un cachorro tiene lugar entre los seis y los nueve meses, en función del tamaño de la raza. Los dientes de leche se reemplazan por los dientes de adulto y el pelaje de cachorro, por el pelaje de adulto.

Hasta los ocho o nueve meses, los cachorros de raza grande y gigante experimentan un rápido crecimiento del esqueleto, mientras que los meses restantes el desarrollo se centra en la musculatura hasta que alcanzan su peso corporal de adulto (70 veces su peso al nacer en las razas grandes y 100 veces su peso al nacer en las razas gigantes).

Los machos pueden comenzar a levantar la pata antes del final del crecimiento (esto varía según el tamaño), y las hembras, en general, pueden tener el celo a partir de los 6 meses.

Durante esta etapa de fuerte crecimiento es fundamental garantizar que el cachorro siempre recibe un alimento adaptado a sus necesidades específicas en cada momento. Tu veterinario te podrá indicar cuales son, dependiendo justamente de la edad, raza o tamaño de tu can.

¿Cuándo se convierte un cachorro en un perro adulto?

Depende de su raza y tamaño:

• Raza muy pequeña (4 kg): de ocho a diez meses

• Raza pequeña (5-10 kg): 10 meses

• Raza mediana (11-25 kg): 12 meses

• Raza grande (26-44 kg): 15 meses

• Raza gigante (más de 44 kg): entre 18 y 24 meses

La consideración de "perro adulto" depende de la duración de la fase de crecimiento que a su vez varía según el tamaño de cada raza. Por ejemplo, los perros grandes y gigantes tardan mucho más en desarrollarse totalmente que los pequeños, aunque todos ellos crecen muy rápido. 

 

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