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Trastadas perrunas que hacen llorar de la risa: os presentamos a Cairo y a Ludo

Trastadas perrunas que hacen llorar de la risa: os presentamos a Cairo y a Ludo

Las travesuras perrunas que nos habéis enviado para participar en el concurso de esta Navidad nos han hecho, literalmente, llorar de la risa. Ha sido MUY complicado elegir a los ganadores porque todos, todos merecían premio, sin duda. Como sabéis, los súper premios han sido posibles gracias a que han colaborado Hotel San Miguel de Gijón, La Cabaña de la Dehesa, Copasetic Ganz, Els Magnifics, Animals & Company, Brott Barcelona y Pepito & Co. Un verdadero lujo y aprovechamos para volver a agradecerles a todos el ser perrunamente simpáticos y el animarse a formar parte de este concurso travieso.

Hoy compartimos los relatos de los dos primeros ganadores, esperamos que os hagan reír tanto como a nosotros.

Estamos avisando al resto de ganadores -como sabéis, son 10 y van por orden, de modo que cuando el tercer ganador nos conteste y elija su premio, ya podremos avisar al siguiente. 

Este es el relato ganador, el de Cairo.

Se ha extendido más de lo previsto pero... prometido, merece la pena leerlo.

Me llamo Cairo y soy un perro labrador que vino al mundo hace un añito y medio. Desde entonces, vivo en Barcelona con mis amos, Bea y Jordi, pero lo que más me gusta del mundo es cuando vamos a visitar a los abuelos a un pueblito llamado Altafulla, en Tarragona. Os voy a contar una historia súper divertida que me pasó el verano pasado allí mismo.


Era jueves por la tarde y ya iba cayendo el sol, así que mis dueños y yo fuimos a dar una vuelta por el castillo del pueblo, que es muy bonito. Yo iba atado a mi correa, porque mis dueños dicen que en Altafulla me pongo como loco, echo a correr y asusto a la gente ¡Si yo sólo quiero saludar a todo el mundo! Al llegar a una agradable placita, Bea y Jordi se sentaron en un banco y me dejaron suelto que husmeara por allí, supongo que porque había poca gente y todo estaba muy tranquilo. ¡Cuántos olores nuevos! La puerta de la primera casa olía a fideuá de marisco, mmm, debieron comer bien ese día, quien lo pillara… Lástima que estuviera cerrada. La puerta de la segunda casa olía a colega gatuno, y estaba bien cerca, ¡con lo que a mí me gustan los gatos! Ojalá estuviera abierta para poder jugar con él… La tercera de las puertas olía…olía como a esas barritas que a veces quema mi dueña en casa, incienso creo que se llama, pero aquí el olor era mucho más fuerte y… ¡Ay madre! Y la puerta estaba abierta de par en par, y era una casa enorme ¡y súper fresquita! Pues para dentro que me fui, trotando feliz por poder husmear a mi aire todo lo que hubiera dentro de aquella mansión ¡Igual hasta había amigos perrunos para correr juntos!


Dentro había muchos bancos de madera, todos muy bien alineados, aunque no tenían pinta de ser muy cómodos… con lo mullidito que es el sofá de mi casa. En algunos de ellos había gente arrodillada, y a mí me pareció que estarían así para saludarme, de modo que fui diciendo hola a cada uno de ellos, no iba a hacerles el feo. Tenía una pared altísima, llena de figuras de personas allí colgadas, y una mesa enorme pero nadie estaba sentado a comer, aunque yo bien me encargué de olisquearla toda, no se hubieran dejado aunque fuera un mendrugo de pan por allí. También había unas casitas de madera a los lados del pasillo, que me parecieron algo extrañas, pero también me aseguré de entrar y olerlo bien todo, a ver si era capaz de saber qué era. 

De repente, mis amos entraron corriendo en aquella casa enorme, haciendo grandes aspavientos, y a la vez que apareció un señor con un traje negro que le llegaba hasta los pies, que también echó a correr hacia mi ¡Qué divertido! Todos se habían puesto de acuerdo y querían jugar a atraparme dentro de aquella enorme casa. De modo que yo puse lo mejor de mí, soy un experto en jugar al pilla-pilla. Corrí todo lo que pude, me zafé entre los mil recovecos que allí había y les hice mil recortes tanto a mis dueños como al señor desconocido, que parecía enfadarse cada vez más porque iba perdiendo en el juego.


Al final, mi dueña se puso muy seria y yo entendí que la diversión había terminado. Me agarró de la correa y me sacó de allí, pidiendo mil perdones al señor del vestido largo. Estaba claro, aquel hombre no sabía perder. Al salir de aquel lugar me explicaron que se llamaba “la iglesia del pueblo” y que allí no se permite la entrada de canes. Sigo sin entenderlo… y luego dicen aquello de que todos somos criaturas de dios.

Beatriz, la dueña de Cairo, ha elegido la sesión de fotos con Els Magnifics.

 

El segundo ganador del concurso es Ludo, esta belleza con cara de bueno, buenísimo. Y este es su relato:

Hola a todos. Yo soy Ludo y os voy a contar la travesura que hace menos de un mes preparé en el parque del Retiro de Madrid junto con personalidades de alto estanding.

Una mañana de domingo, mi dueña y madre humana María, me llevó al parque del Retiro. Ese día era la inauguración del Perrotón y todo el parque estaba lleno de casetas, de perros y de personas. Una mañana muy divertida para seres de cuatro patas como yo.

La misión era ir de caseta en caseta para conseguir todas las muestras de pienso posibles. Poco a poco María iba llenando su bolso de muestras gracias a mi ayuda y la cara de bueno que iba poniendo a todo aquel que regalaba algo.

En mitad de la marabunta de gente, perros, niños etc vi a una mujer rodeada de hombres de negro. ¿Qué le pasaba a esa mujer? ¿Por qué iba escoltada? Tenía que averiguarlo. Mientras María estaba pidiendo una muestra de pienso, corrí en busca de esa mujer. Al llegar al frente suya tuve la suerte de que amablemente ella me tocó la cabeza. En medio de un inmenso placer escuché los chillidos de María al otro lado. Vino corriendo hacia mi mientras la misteriosa mujer escoltada me acariciaba. María no paraba de disculparse y los hombres de negro no paraban de dicirle que no pasaba nada. Al revés, le dijeron a María que si me podía quedar un rato más con la mujer para que un fotógrafo me hiciera fotos.

Los hombres de negro me empezaron a dar premios para que me estuviera quieto en las fotos y saliese guapetón junto a la mujer. Conseguí llenar de babas todas las mangas de los trajes de los hombres para arrebatarles esos suculentos premios.

Después de muchas fotos, premios y caricias mi dueña y madre María me puso la correa y me dijo: Ludo, te vas a convertir en un perro famoso. Te acaban de hacer una sesión de fotos con la Reina Sofía a la vez que llenabas de babas los trajes de sus guardaespaldas.

María, la humana de Ludo, ha elegido alojarse en el Hotel San Miguel de Gijón.

Estad atentos a vuestros buzones que ya hemos enviado el correo al tercer ganador. En cuanto nos conteste, añadiremos su relato y foto aquí.

 

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