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El juego con interacciones reales, incluso pocos minutos al día, fortalece la relación entre personas y perros más que el entrenamiento

El juego con interacciones reales, incluso pocos minutos al día, fortalece la relación entre personas y perros más que el entrenamiento

Última actualización del articulo el día 27/04/2026

P. Jensen, Caisa Persson-Werme y Lina S. V. Roth, de la Universidad de Linköping, querían comprobar si jugar con un perro mejora la relación emocional con su tutor y si ese efecto es mayor que el del entrenamiento.

Su estudio, en el que han participado casi 3000 personas, lo demuestra: el juego -siempre que esté basado en interacción social real- es un mecanismo clave en la formación de los vínculos emocionales entre perros y sus tutores. Podría, incluso, tener relación con la evolución de los vínculos sociales entre especies.

De ahí que incentivar el juego, incluso breves sesiones cotidianas, sea tan útil puesto que puede tener beneficios tanto para el bienestar humano como para el bienestar de los perretes.

La función del juego no se comprende aún completamente, especialmente en los perros que continúan jugando incluso en la edad adulta. Por eso parece tan importante el resultado de la investigación llevada a cabo en Suecia y publicada en Royal Society Open Science.

Lo que han comprobado es relevante para todas las personas que conviven con perros, dicen los investigadores, tanto si tienen canes jóvenes como adultos.

Para analizar la relación entre los tutores y sus perros, el estudio se desarrolló en dos fases: una primera con 2.940 participantes y una segunda experimental de cuatro semanas en la que 408 personas completaron todo el proceso (los resultados finales se basan en ellos). Todos tenían que responder a un cuestionario exhaustivo sobre cómo perciben la relación con su perro. Entre otras preguntas, se les plantearon cuestiones como:

¿Con qué frecuencia llevas a tu perro contigo cuando visitas a otras personas?
¿Con qué frecuencia sientes que convivir con tu perro te compensa menos de lo que esperabas?
¿Con qué frecuencia le cuentas a tu perro cosas que no compartes con nadie más?

Los tándemos de tutor-perro fueron divididos en tres grupos: un grupo al que se le encargó jugar más de lo habitual -tras explicarles el tipo de juegos que debían poner en práctica- un grupo que tenía que entrenar más de lo habitual con recompensas en forma de premios, y un grupo de control que continuaría como antes.

En concreto:

  • El juego debía implicar interacción activa entre humano y perro
  • No bastaba con actividades pasivas como lanzar una pelota sin más
  • Tenían que estar "presentes", dar su atención plena al perrete durante esos minutos de juego.

Y, entonces, todos tuvieron que volver a responder las preguntas del mismo cuestionario.

Los resultados mostraron una relación causal estadísticamente significativa en la que el vínculo emocional con el perro mejora al aumentar el tiempo de juego. Los otros dos grupos, sin embargo, no mostraron ninguna mejora en comparación con antes.

El entrenamiento está más orientado a objetivos y puede implicar frustración si no sale bien.

El estudio muestra, lógicamente, cómo los tutores perciben la relación y no puede decir mucho sobre las experiencias del perro. Sin embargo, las personas en el grupo de juego destacaron que sus perros parecían tener una visión más positiva de ellos, y que los propios perros tomaban más iniciativas para jugar.

Estudios anteriores ya han mostrado que los perros se sienten mejor cuando pueden jugar y pasar tiempo con sus humanos.

 

Es importante recalcar que se tuvo que dar instrucciones claras sobre cómo debían realizarse el juego y el entrenamiento. No todo lo que la gente cree que es juego es un juego beneficioso. El foco del estudio es en el juego social interactivo, no en actividad física unilateral.

Según Lina Roth, profesora asociada senior de etología en LiU, lo más importante es encontrar un juego al que el perro responda positivamente y que el tiempo de juego juntos resulte agradable.

“La idea no es lanzar una pelota sin más. Como buscábamos la interacción social entre perro y humano, los juegos que propusimos en el estudio eran, por ejemplo, tirar de una cuerda, perseguirse, escondite, cucú o provocar un poco al perro con los dedos. No hace falta hacerlo durante mucho tiempo, se trata más de prestar atención al comportamiento del can. Unos pocos minutos de vez en cuando parecen marcar una gran diferencia”, aclara Roth.

De ahí la gran relevancia del estudio, como destaca ella misma.

“Hoy en día, muchos perros cambian de hogar a mitad de sus vidas. Con los perros adoptados siendo adultos no tienes la ventaja de crecer con tu perro. Esto significa que se pierde la llamada ventana de socialización al inicio de la vida del cachorro, que es importante para la construcción de la relación. Y entonces el juego puede ser una muy buena forma de construir una nueva buena relación incluso con perros adultos”.

 

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