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El arte de Felipao y sus perros felizmente "pop"

El arte de Felipao y sus perros felizmente

En Julio de 2009 nació oficialmente el Bulldog Francés reconvertido en arte, en arte POP: Poppi, la criatura de Felipao no ha parado de moverse desde entonces.


Como buen 'Frenchie', es inquieto, original y se hace querer. Muchos lo desean pero sólo 500 podrán poseerlo: se trata de una serie limitada, numerada y firmada. Lo más importante, no hay dos iguales. Cada escultura es una obra única.

Nacen de la imaginación -a veces calenturienta, como él mismo dice-, de Felipe, Felipao en versión artista. Puede tardar una semana en crear un nuevo Poppi y también acepta encargos: le puedes pedir una escultura que tenga algo que ver con tu vida o con tus aficiones.

Eso mismo hizo Philippe Starck, encargar un Poppi 'customizado', algo que ilusionó particularmente a Felipe. Su briefing fue escueto a la par que inspirador: "love", nada más que "amor". Y ya tiene su Poppi en algún lugar, "el amor es una especie en vías de extinción", pone en su cuerpo.

Estos canes son de fibra de vidrio, pesan 5 kilos y sí, tienen el mismo tamaño que un Bulldog Francés. Curiosamente, o cuestión de precio (los Poppis oscilan entre los 1200 y los 1500 euros), muchos de los que compran las esculturas no tienen perro, son más bien coleccionistas o amantes del arte a los que les atrae la originalidad de la propuesta.

Aquí podéis ver a Colega posando junto al Poppi Madame Butterfly. Y en la web de Felipao se pueden ver muchos modelos más.

Felipao también hace unos llamativos neones -con Poppis y con frases- además de dos nuevas series de esculturas, una protagonizada por unas pícaras calaveras las Horny,  y otra por unos pequeños cachorros de Carlino, Pippo y Pippa.

Ya nos los encontramos con ellos cuando estuvimos en Mi Calle de Nueva York. En este caso son de resina, pesan bastante, y también son llamativamente divertidos. Los precios rondan los 250 euros y, de nuevo, puedes encargar un Pippo o una Pippa a con algún motivo personal.

Lo cierto es que quedan muchos canes aún en la imaginación de Felipe. Los va dando forma poco a poco, según le surgen nuevas ideas. Y sí, los echa de menos cuando se van, sobre todo a los primeros, como a aquel Madoff con billetes imposibles y falsos que vendió hace un par de años, cuando estalló el escándalo.

A él, que ahora no tiene perro pero que lo tuvo, de ahí la afición, le motiva el mundo tangible que crea con sus manos. La idea de que alguien esté dispuesto a pagar -aunque sea un euro- por algo que otra persona ha creado, por algo que otra persona ha inventado, le parece importante.

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