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Veterinarios europeos abogan por prohibir Los collares electrónicos en toda la UE

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El Colegio Europeo de Etólogos Clínicos Veterinarios ya argumentó el año pasado contra la utilización de collares electrónicos en perros: su análisis del uso de estos dispositivos -que podéis leer íntegro aquí- detallaba los riesgos y problemas que pueden suponer así como la ausencia de evidencia real de que sean más eficaces que métodos más amigables. Su conclusión es clara: piden la prohibición a nivel europeo de su venta y de su utilización. De hecho ya están prohibidos en Austria, Dinamarca, Finlandia, Alemania, Noruega, Eslovenia, Escocia, Suecia, Gales y algunas partes de Australia. En Inglaterra también se estudia su prohibición.

El collar de castigo... y la sentencia canina al respecto

Ahora acaban de publicar un ensayo adicional sobre esta cuestión así cómo los resultados de una encuesta llevada a cabo en Francia, país donde el uso de estos dispositivos no está prohibido. 

En ambos casos se habla de tres tipos de collares electrónicos:

- Los collares anti-ladrido que se activan automáticamente cuando el can ladra
- Cercas electrónicas asociadas a un collar: cuando el can cruza el límite marcado por la cerca, recibe una descarga.
- Collares controlados por control remoto que permiten dar una descarga cuando se considere oportuno.

Los textos completos no están disponibles online pero sí las extensas reflexiones que sobre ellos han compartido dos expertos en etología, Mark Bekoff y Zazie Todd.

Es particularmente interesante el texto de Bekoff: tras un intenso intercambio con miles de personas, su conclusión es que pese a que hay ciertos casos en los que antes que sacrificar a un perro sí podría estar justificado el uso de uno de estos collares en algunos casos, el también aboga por su prohibición en perros que viven en familia.

Los nuevos análisis detallan las razones por las que se suele recurrir a estos métodos y las más frecuentes son:

- La búsqueda de resultados rápidos

- Haberlo probado en ellos mismos y pensar que no duele (sin tener en cuenta las diferencias entre la piel humana y la piel del perro)

- La creencia de que los riesgos son menores a largo plazo que otras alternativas

- La creencia de que es más barato que contratar a un entrenador de perros o a un especialista en comportamiento animal.

El análisis de Sylvia Masson y sus colegas tiene en cuenta todos los estudios científicos hasta la fecha y desmonta todos estos argumentos.

De hecho, advierten que los estudios muestran un aumento del miedo y el estrés en perros entrenados con collares electrónicos. Es posible que los perros asocien la descarga con otras cosas que no sean el comportamiento que se castiga, por ejemplo, con el entrenador, la ubicación del entrenamiento o (en el caso de las cercas) con personas o perros que pasan por allí.

Dado que la aplicación de una descarga puede provocar miedo, agresión o impotencia aprendida, se puede terminar pagando más a un educador para revertir el problema causado por este tipo de collares.  

En el caso de la encuesta francesa, los datos revelan que el uso del collar electrónico se asocia sobre todo con 3 factores: perros que pesan más de 40 kg, que no están castrados y que son utilizados para la caza o actividades de seguridad. Además, suelen ser perros jóvenes y -algo particularmente preocupante- la gran mayoría de los usuarios (71.8%) usaron el collar sin consejo profesional.  El 75% de los usuarios probaron 2 o menos soluciones antes de usar el collar. Otro dato relevante es que el siete por ciento de los perros en los que se usó el collar presentaba heridas físicas. 

Las conclusiones del análisis de estos datos son que  "el uso de los collares 'en la vida real' está lejos de las condiciones idealizadas en las que se realizaron los estudios experimentales, lo que pone el bienestar del perro en mayor riesgo que lo que se presenta en la literatura científica

De ahí que, de nuevo, recomienden no utilizar este tipo de collares y piden a todos los países de la UE que se interesen por la cuestión y la regulen.  

Parece que en el Reino Unido así será, el Kennel Club anunció hace poco que prevén que cambie la normativa y se prohiba la venta y el uso de estos collares.

Tanto en Madrid como en Barcelona en teoría están prohibidos los collares de castigo pero... la realidad es que se siguen vendiendo y usando.

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