
Los perros que viven en protectoras de animales suelen estar expuestos a estrés crónico y esto, lógicamente, afecta negativamente a su bienestar emocional, incluso físico, algo que, en muchas ocasiones, reduce sus posibilidades de adopción.
Hay diferentes formas de intentar mejorar la calidad de vida de estos perros: el enriquecimiento ambiental, los paseos, etc. Pero un nuevo (aunque limitado) estudio piloto que se ha desarrollado en el Albergue Bañaderos de Gran Canaria han puesto a prueba otro método que ha tenido unos resultados muy positivos: han explorado los efectos de combinar una intervención etológica estructurada con dosis bajas, no alucinógenas, de 1cp-LSD, un compuesto análogo legal del LSD.
Elisa Hernández-Álvarez, Octavio P. Luzardo y Luis Alberto Henríquez Hernández, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, y Cristina Canino-Quijada y Sira Roiz, del Albergue Insular de Animales del Cabildo de Gran Canaria son los responsables de este estudio piloto en el que han participado veinte perros que recibieron intervención conductual, tratamiento farmacológico, ambos combinados o ninguna intervención.
El objetivo era evaluar los efectos combinados de dosis bajas de 1-ciclopropionil lisérgico dietilamida (1cp-LSD), un profármaco lisergamídico del LSD legal en varios países, y una intervención etológica sobre el comportamiento y el bienestar de estos canes.
Las sesiones etológicas fueron realizadas por especialistas veterinarios en comportamiento, y el tratamiento farmacológico consistió en 10 µg de 1cp-LSD administrados por vía oral durante tres semanas.
Evaluadores cegados valoraron a los animales mediante escalas validadas de ansiedad y bienestar, incluida una escala de expectativas del tratamiento, antes, durante y después de la intervención.
Los resultados mostraron que la administración combinada de 10 µg de 1cp-LSD y una intervención etológica durante un periodo de tres semanas mejoró de forma significativa cuestiones esenciales en el bienestar de los perros: mostraron mayores mejoras en la calma, la sociabilidad y las respuestas emocionales positivas en comparación con las intervenciones individuales o los controles.
Y, otro hallazgo realmente significativo, estas mejoras se mantuvieron durante tres semanas adicionales tras la finalización del tratamiento.
Evidentemente dado que en el estudio piloto solo han participado 20 perros estos resultados son limitados y preliminares por lo que los investigadores destacan la necesidad de llevar a cabo nuevos estudios que incluyan cohortes más amplias y que se centren en patologías conductuales específicas, contribuyendo así al avance de intervenciones basadas en la evidencia en la medicina veterinaria del comportamiento.
Aún así, los hallazgos del estudio piloto sugieren que integrar farmacología psicodélica a dosis bajas con apoyo conductual podría representar -siempre que se hiciera de manera segura y ética- una nueva estrategia prometedora para mejorar el bienestar de perros en protectoras.
Si queréis conocer a los perretes que están en este centro, aquí podréis hacerlo. La perra cuya foto encabeza el texto es Sáhara.