
Tras quince años juntos, tras una vida en común repleta de historias importantes y momentos inolvidables, los humanos de Rita tuvieron que despedirse de ella el 5 de septiembre.
Y esa despedida le está tocando el corazón a miles de personas mucho más allá de la localidad donde vivían: decidieron regalar sus juguetes en el parque en el que ella fue tan feliz, especialmente en los últimos tiempos, cuando ya no podía corretear como antes.
La foto de ese regalo, de ese gesto tan perrunamente significativo, se ha hecho viral... Y ahora medio mundo conoce a esta Sra Perra tan bella y tan importante.
Marcos y Belén han compartido conmigo la historia de Rita. Se lo pedí sin saber cuánto podemos aprender de ellos los demás humanos perrunos: su compromiso con la "perra extraterrestre" a la que inicialmente habían acogido, su decisión de adoptarla pese a que tenía miedo a todo y a todos, su apuesta por cuidarla para que fuera, de verdad, una perra feliz...
Su amor por Rita a lo largo de todos los años, pasando considerables sustos de salud, adaptando su día a a día para que tanto Rita como Audrey estuvieran bien, siempre, junto a su familia humana: eso es lo verdaderamente emocionante.

"Rita llegó a nuestra vida el 28 de agosto de 2013 gracias a la Fundación Luna de protección animal de Salamanca. Vimos su foto en facebook, su historia, y nos hizo gracia su nombre. Nuestra otra perra se llamaba Audrey y pensamos que eran dos nombres muy cinematográficos que casaban muy bien juntos. Además, la habían rescatado de un pueblo (Ledesma) que es también apellido de uno de nosotros.
Fueron esos detalles los que nos hicieron fijarnos en ella y en sus grandes orejotas. Nos decantamos en un principio por la acogida temporal, ya que teníamos miedo de que no se llevara bien con nuestra otra perra.

No nos imaginábamos que el principal problema que nos toparíamos sería uno muy diferente.
Todos los perros que habíamos tenido hasta entonces los habíamos criado desde cachorros. Jamás nos habíamos encontrado con la tarea de educar un animal con tantos miedos y temores. Tardó tres días en hacer su primer pis. Casi un mes hasta que se acercó a nosotros por propia iniciativa. Todo le daba pánico: los autobuses, las bolsas de plásticos, los contenedores...
Pero a nosotros empezó a perdernos el miedo. Y entonces empezó a sufrir una ansiedad por separación tal, que era incapaz de estar sola un minuto sin ladrar.Para que fuera superando sus miedos contratamos una educadora canina para que nos ayudara.

Nosotros jamás nos habíamos enfrentado a un caso similar y no sabíamos qué hacer. Todavía seguía de acogida con nosotros, pero en el fondo sabíamos que al final terminaríamos adoptándola.Y llegó el día esperado, el 12 de junio de 2014 ya pasó a ser definitivamente nuestra.
Los dos o tres primeros años de Rita, antes de llegar a nosotros en el 2013 (nunca hemos sabido muy bien su edad) no debieron ser fáciles. Fue rescatada por la asociación en un pueblo de Salamanca, Ledesma. Un cazador quería entregar 5 perros que según él no servían para la caza. Cuando fueron a por ellos, tan solo quedaban dos: Rita y otra perra. Los animales vivían en una especie de patio con chamizo. No estaban cuidados en absoluto. Tenían muchas garrapatas, los dientes destrozados con apenas 2-3 años, las almohadillas no estaban curtidas y tenían las uñas sin desgastar. Rita tenía una cicatriz fea en el cuello y nunca sabremos cómo se la hizo.

Aunque fue superando muchas inseguridades siempre fue una perra muy particular. Tanto es así que en la intimidad familiar la llamábamos perra extraterrestre.
Tenía que irse a la cama siempre a la misma hora, a las 23:30, debía tener algún reloj interno que le avisaba de la hora. Al coche tenía que subir siempre por el lado izquierdo. Nunca le gustó mucho caminar por el césped o la tierra, ella prefería el hormigón liso. Nadie mandaba en su paseo, si iba atada dirigía el paseo donde ella quisiera y aunque solo pesaba 4 kilos te llevaba con fuerza. Caminaba siempre por la acera de la derecha, pegada a la pared. Si comía pienso prefería que le sacáramos unas bolitas fuera del plato, empezaba por ellas y una vez terminadas pasaba a comer las demás del cuenco. Le gustaba ordenar sus juguetes y hacer montañas con ellos mientras los guardaba en su cesto.
Fue pasando el tiempo, y nuestras perras hicieron piña absoluta.Tenemos la suerte de que pudieron acompañarnos al trabajo, con lo cual hemos estado casi todo el tiempo con ellas. Siempre nos han acompañado en vacaciones, nunca las hemos dejado al cuidado de nadie, hemos buscado hoteles o apartamentos donde nos permitieran ir con ellas.

Las vacaciones eran para la familia al completo, los cuatro. Igualmente hemos hecho con los lugares de ocio, siempre priorizando negocios que permitieran su entrada. Rita tenía ansiedad por separación y con nuestra otra perra Audrey con el paso de los años logramos que se quedara unas horas sola en casa, pero al fallecer Audrey hace 3 años Rita volvió hacia atrás, es por ello que siempre hemos priorizado bares o restaurantes donde pudiéramos entrar con ella para poder disfrutar todos.
Hace 3 meses le detectaron un melanoma en la boca y todo avanzó bastante rápido. Intentamos frenar la enfermedad con electroquimioterapia y quimioterapia en pastillas, pero esto unido a un principio de fallo renal complicó todo.

Estos últimos meses a Rita le costaba caminar bastante, estaba más cansada y tenía algo de descoordinación en las patas.Encontramos en el Prado de la Vega de Carbajosa un lugar perfecto para estar con ella. Empezábamos el paseo caminando por la parte central de hormigón liso hasta el canal de agua y después nos tumbábamos con ella en el césped sobre una manta trapera.Han sido tres meses de ver la vida de otra forma, frenar y no hacer planes a largo plazo, vivir el día a día, aceptando lo que irremediablemente venía, pero fluyendo e intentando disfrutar de los pequeños momentos.
El 5 de septiembre Rita falleció. A los días recogimos sus cosas. Toda la medicación que nos sobró la llevamos a nuestra veterinaria Cristina de Bichos de Salamanca y sabemos que una chica está aprovechando la quimioterapia oral con su gato.
Recogimos su cesto, bebedero, comedero y pensamos qué hacer con sus juguetes. Nos pareció buena idea quedarnos con los principales y llevar el resto al parque donde había pasado este último tiempo. Hicimos el cartel y colgamos la bolsa en la valla.
A los días nos enteramos de que en redes alguien había publicado la foto del cartel con los juguetes y se había vuelto viral. La verdad es que nos emocionamos mucho con las palabras de la gente. Fue un gesto que hicimos sin mayor pretensión y que nos estaba devolviendo mucho cariño en el momento que más lo necesitábamos.
Nuestra pequeña perra rara se ha ido sembrando amor."

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