
Orelha era un perro de la calle que era cuidado por los vecinos en Praia Brava, Florianópolis, en Brasil. Es lo que allí se conoce como un "perro comunitario".
Su muerte ha desatado una oleada de protestas y movilizaciones porque fue una muerte atroz: lo encontraron malherido y agonizando tras haber recibido una paliza por parte de unos adolescentes. Lo llevaron de inmediato al veterinario pero no pudieron salvarle.
El lema de “Justiça por Orelha”está en las redes sociales sí, pero también en la calle: ha habido manifestaciones en multitud de ciudades de Brasil a las que se han sumado miles de personas, según relata El País.
Piden justicia y piden que se incrementen las penas por maltrato animal porque, en este caso, los presuntos culpables son adolescentes por lo que su castigo, si son condenados, sería leve: para menores de 18 años, en Brasil la justicia no impone penas de cárcel sino medidas socioeducativas.
El Gobierno de Brasil han admitido la gravedad de lo sucedido, compartiendo la noticia en sus redes:
"La violencia contra los animales es un delito en Brasil y debe abordarse con seriedad. El gobierno brasileño continúa trabajando para proteger la vida animal, con políticas de identificación, concientización y fomento de la adopción responsable.
Proteger a los animales es nuestro compromiso. La violencia no puede normalizarse."
La mujer de Lula de Silva, Janja, ha ido aún más lejos:
"Nunca he entendido qué pasa por la mente y el corazón de quien tiene el valor de maltratar a otro ser vivo. Especialmente a un ser indefenso, como un perro. Creo que por eso el caso del perro Orelha, brutalmente asesinado por adolescentes en Florianópolis, me ha provocado tanta tristeza e indignación.
Orelha era un perro comunitario, cuidado por varios vecinos de Praia Brava y querido por todos. Su muerte no es solo un episodio aislado de crueldad. Es una dolorosa advertencia sobre una generación expuesta, desde edades tempranas, a discursos y contenidos digitales que banalizan la violencia y transforman el dolor en entretenimiento.
Cuando la brutalidad se convierte en un desafío, cuando el otro ser deja de ser visto como alguien que siente, algo está muy mal. La perversidad no nace de la nada. Se cultiva en la omisión, en la falta de límites, de cuidado, de presencia y también en la impunidad.
Este caso me recuerda una frase pronunciada por Caetano Veloso en 1968: “¿Qué juventud es esta que dice que quiere tomar el poder?”
No podemos cerrar los ojos ante actitudes como esta. Me solidarizo con la comunidad que siempre cuidó de Orelha con tanto amor y que hoy clama por justicia. 💛🐶✊🏽"