
Una investigación conjunta entre las universidades de Córdoba y Sevilla ha analizado la experiencia del duelo por la muerte de animales de familia entre veterinarios y la población general.
La sensación de incomprensión y la falta de apoyo social son los dos factores asociados a un mayor riesgo de duelo intenso, tanto en los veterinarios como en el resto de participantes, según este estudio.
Los profesionales parecen disponer de más recursos para afrontar la pérdida de sus propios perros o gatos perosiguen siendo un colectivo vulnerable debido a su exposición constante a la enfermedad, el sufrimiento y la muerte de los animales.Además, en muchos casos los veterinarios constituyen la única fuente de apoyo para las personas que han perdido a su animal.
De ahí la importancia de proporcionar formación y recursos adecuados para gestionar no solo la pérdida de sus pacientes, sino también el duelo por sus propios animales.
Este estudio tenía dos objetivos, el primero ha permitido desarrollar una herramienta de análsis psicológico que, a través de solo seis preguntas y en apenas un minuto, permite identificar señales de alerta de un duelo complicado que necesite apoyo profesional.
“Se trata de una herramienta más fácil para momentos difíciles que debería complementarse con posterioridad con ayuda psicológica”, explica la investigadora de la UCO Pilar Muñoz Rascón. Así, cuando se observen signos de duelo, los profesionales pueden administrar el cuestionario para ver si el duelo se encuentra dentro de los niveles esperados o alcanza una intensidad alta, en cuyo caso se recomendaría el apoyo profesional.
De esta forma, la herramienta es útil para los profesionales veterinarios, quienes con frecuencia se ven expuestos al impacto emocional de acompañar a los tutores de perros y gatos durante el duelo y a menudo sin una formación específica para dicho acompañamiento.
El segundo objetivo fue estudiar cómo viven los veterinarios el fallecimiento de sus propios animales. Hasta ahora no existían investigaciones sobre este aspecto, aunque estudios realizados en protectoras españolas habían mostrado que más de la mitad del personal experimenta reacciones intensas de duelo tras la muerte de animales bajo su cuidado.
Los resultados sugieren que los veterinarios suelen encontrar más apoyo y disponen de espacios para expresar su dolor. Sin embargo, los autores plantean que, en paralelo, su trabajo les expone continuamente a la enfermedad, el sufrimiento y la muerte de otros animales, lo que incrementa el riesgo de sufrir trauma vicario. Los veterinarios deben mantener un equilibrio constante entre ofrecer una atención empática y proteger su propia salud mental.
El estudio comparó a 177 veterinarios con 718 personas de otras profesiones que habían perdido un animal de familia para determinar si la experiencia profesional modifica la forma de vivir el duelo.
Los veterinarios mostraron, en conjunto, un duelo menos intensoy obtuvieron puntuaciones inferiores en todos los indicadores emocionales evaluados. El 70,1 % afirmó haber podido expresar su duelo con naturalidad, frente al 55,6 % de las personas no veterinarias. Además, el 74,6 % dijo haberse sentido apoyado durante el proceso (64,3 % en la población general), mientras que solo el 29,4 % manifestó haberse sentido incomprendido, una proporción muy inferior al 49 % registrado entre el resto de participantes.
Aún así, esto quiere decir que más de una cuarta parte de los veterinarios afirmó no sentirse apoyado, comprendido o capaz de expresar su duelo con naturalidad. Este hallazgo debe interpretarse en el contexto de los elevados niveles de desgaste emocional y burnout descritos en la profesión veterinaria. Dado que los veterinarios afrontan con frecuencia experiencias traumáticas relacionadas con su trabajo, su riesgo para el bienestar psicológico puede ser incluso superior al de la población general.
Por ello, los autores consideran que los veterinarios constituyen un colectivo especialmente sensible cuando fallece uno de sus propios animales y proponen desarrollar recursos específicos, como guías de buenas prácticas para gestionar el duelo, grupos de apoyo entre iguales y el acceso a asesoramiento psicológico promovido por los colegios y asociaciones profesionales.
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