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La historia de Mickey, un Pit Bull condenado a vivir en una "cárcel perruna" por morder a un niño

Sophie Gamand es una fotógrafa increíble cuyo trabajo ya hemos recomendado en diversas ocasiones. Ella es la autora de la fantástica serie Wet Dogs pero también es una incansable defensora de los Pit Bulls: retrata a estos canes con coronas de flores y con tonos dulces, para fomentar su adopción y también para, foto a foto, lograr cambiar la percepción sobre estos perros, para que más gente entienda que no son los "diablos agresivos y violentos" que muchos temen, como si estuvieran, por naturaleza, programados para atacar. Ella acaba de compartir una historia importante, trágica a muchos niveles. Una historia sobre un perro y un niño que me vuelve a recordar el gran consejo de Santi Vidal con respecto a las interacciones entre ambos, sus tres reglas de oro... SUPERVISIÓN, SUPERVISIÓN Y SUPERVISIÓN.


El proyecto de Sophie Gamand se llama Pit Bull Flower Power, podéis ver los retratos -y ver cuántos perros han sido adoptados ya en parte gracias a sus fotos- en su web, en su facebook y en su instagram.

En su web ha compartido esta historia que resulta tan dramática y trágica como, en cierta medida, evitable... No es la primera vez que sucede, no será -por desgracia- la última, es otro caso de un perro que muerde a un niño pequeño con consecuencias realmente graves. Un Pit Bull, Mickey, al que habían dejado solo con un churumbel cuando estaba comiéndose un hueso. El niño trato en reiteradas ocasiones de quitárselo y el can, le mordió. 

Esta es su historia. Os traduzco aquí el relato que ha compartido Gamand en su web

"No puedo pretender ser una activista por los derechos de los pit bulls a través de mi proyecto Flower Power si no me interesara también por los pit bulls polémicos. Este es uno de ellos.

La primera vez que escuché hablar de Mickey fue cuando me llamó la atención el titular de un artículo en internet: "Pit bull condenado a pasar su vida en la cárcel". En algún lugar de EEUU un perro estaba en la cárcel. Por lo visto, había atacado a un niño pequeño, desfigurándole, y le habían condenado a pasar toda su vida en una cárcel, sin posibilidad de salir. Una búsqueda en Google me permitió encontrar una webcam desde la que se podía ver la celda de Mickey en directo.

Ahí estaba. Un bello American Bulldog blanco. Solo. Tras las rejas. El hecho de que el vídeo no tuviera sonido hacía que la sensación de soledad fuera aún mayor. A veces, Mickey se levantaba, movía el rabillo a personas invisibles que parecían pasar junto a su celda, y volvía a sentarse, a menudo con la cabeza gacha. 

Me rompía el corazón verle, también estaba enfadada. Durante los siguientes días observé a Mickey y lloré. Le miraba durante horas. Él no sabría que yo estaba ahí pero yo necesitaba saber que él no estaba solo. Veo a perros en perreras y protectoras todo el rato y, en realidad, no hay mucha diferencia: un perro, sentado en un chenil, tras unos barrotes, debido a las acciones de sus dueños. Pero en el caso de los perros de una protectora existe la esperanza de un final feliz, de una familia y un hogar donde por fin ser queridos.

Con Mickey eso era posible; no podría ser adoptado jamás. Estaba mirando a un fantasma, a un perro que nunca podría pasear por la calle, dormir en un sofá o correr en la hierba. Al menos eso es lo que yo pensaba y lo que decían los artículos que leí. 

Me decidí: tenía que conocer a este perro como fuera. Incluso coronarle con flores si me dejaban para mi proyecto Flower Power.

Mirando la webcam me percaté de algo: alguien había escrito el nombre de Mickey en los cuencos de agua y comida en su celda. Había juguetes en el suelo, una caseta bonita y una cama cómoda. De cuando en cuando aparecían tarjetas entre los barrotes. Entendí que Mickey no estaba solo y que había mucha gente ocupándose de él. De hecho tenía miles de seguidores en Facebook. Mickey era un perro querido. 

Un par de meses después viajé a Arizona para continuar con mi proyecto Pit Bull Flower Power. Me puse en contacto con MASH Unit en Phoenix, el lugar donde estaba Mickey, una antigua cárcel reconvertida en protectora. Me informaron que Mickey había sido trasladado a otro lugar por razones médicas en junio de 2015. Si quería conocerle, tendría que hablar con su abogado, John A. Schill. Me puse en contacto con John y quedamos en conocernos. También planeamos una sesión de fotos y pude colocar la corona de flores a Mickey.

John es un abogado que trabaja en Phoenix y que se ocupa de muchos casos relacionados con perros; es el orgulloso humano de pit bulls adoptados. Más que un abogado, John se ha convertido en lo más cercano a una familia para Mickey: alguien que le quiere, que le visita al menos una vez por semana, que paga sus facturas de veterinario y que comparte su historia y trata de ocuparse de todas sus necesidades.

En noviembre de 2015 me senté con John y me explicó las circunstancias que llevaron a que Mickey esté encerrado toda su vida. 

Mickey proviene de un barrio complicado. Vivía atado con una cadena en un patio en torno al que había 4 ó 5 casas. Cuando sucedió el accidente Mickey debía pesar entre 7 y 9 kilos menos de lo normal. No tenía ningún cobijo y vivía de restos y huesos que le tiraban.

No hubo ninguna investigación policial tras el incidente pero esto es lo que el equipo legal que ayuda a Mickey llegó a averiguar a través de sus propias pesquisas: en febrero 2014 había dos niños pequeños -que en teoría estaban bajo la supervisión de un adulto- con Mickey. El perro estaba comiéndose un hueso. El adulto se fue para atender una llamada de teléfono y dejó a los niños solos con Mickey. El que tenía 4 años corrió hasta Mickey y le quitó el hueso. Mickey gruñó una vez, el niño tiró del hueso. Mickey mordió al niño en la cara.

¿Mordió Mickey de forma intencionada al niño o sólo estaba tratando de recuperar su hueso, agarrando de forma accidental también la cara del niño al hacerlo? Nunca lo sabremos pero desafortunadamente durante el trágico suceso el niño sufrió daños severos, Mickey le mordió justo bajo el ojo.

Los adultos llevaron al niño a urgencias. Necesitará un buen número de operaciones de estética. Cuando escribí este texto ya llevaba varias operaciones y se estaba recuperando. Horas tras el acceidente, los humanos volvieron a por Mickey, le llevaron a una comisaría de policía, pidiendo que fuera sacrificado. 

Pronto la historia saltó a los medios, no sólo en Phoenix, en todo EEUU. A Mickey, el "pit bull" lo tildaron de "malvado" y algunos periódicos incluso le llamaban el "perro del diablo". Otro perro tipo pit bull violento que causa un horrible accidente.

¿Violento? ¿Culpable? Mickey se convirtió en un símbolo, polarizando a la gente con respecto al tema de los pit bulls de nuevo (aunque, técnicamente, él es un American Bulldog, una de las razas a las que equivocadamente se llama pit bull). Hasta el día de hoy, los que se han involucrado en el caso de Mickey reciben correos insultándoles y amenazas de muerte, que han sido investigadas por la policía.

El caso de Mickey también apeló a mucha otra gente que pensaba que era una víctima, igual que el niño herido, y rogaron a las autoridades que se apiadaran de él a través de una petición que sumó 70.000 firmas. Estaban convencidos que el dueño de Mickey tenía que ser considerado responsable por haber colocado a Mickey en una situación imposible, abocada a la tragedia.

The Lexus Project, una organización que ofrece ayuda legal a perros se puso en contacto con John A. Schill y le pidieron que se ocupara del caso de Mickey.

“Me contaron que se había producido un horrible accidente en Phoenix con un pit bull. Sabían que sería casi imposible que yo ganara el caso, que me rompería el corazón, pero querían saber si estaba dispuesto a intentarlo". John aceptó.

Una juez determinó que Mickey era un perro violento y la pena de muerte era una de las opciones sobre la mesa. Cuando llegó el momento de la sentencia, John logró convencer a la juez para que se olvidara de la eutanasia si podían garantizar que Mickey estaría en un santuario el resto de su vida. En ese momento es cuando el Sheriff Joe Arpaio de Maricopa county se ofreció a incorporar al perro a la Unidad MASH, una antigua cárcel reconvertida en protectora.

Mickey pasó algo más de un año en la Unidad MASH. Ahí su chenil era una celda de prisión reconvertida, ahí es donde colocaron la webcam para que sus miles de fans pudieran seguir -o monitorizar- su actividad. 

Le pedí a un policía de la Unidad Mash, al oficial Keeney, que me contara más sobre su trabajo con Mickey durante el año que el can paso en esas instalaciones. Keeney es también un educador canino así que él fue quien evaluó a Mickey al llegar a la protectora y el encargado de educar y rehabilitar al can en los siguientes meses. 

"Conocí a Mickey en la puerta cuando llegó con John", me contó Keeney. "Hay una mirada que ves en los perros que son miedosos, tímidos o agresivos; Mickey no mostró ninguno de esos síntomas. Se puso a jugar conmigo y yo le plantee algunos tests de temperamento. Tocando su boca, cogiéndole las patas, haciendo que se tumbara. Era un perro feliz, aunque desnutrido"

Al principio los empleados de la protectora tenían ciertos recelos, no sabían qué tipo de perro iban a encontrarse. Su actitud pronto cambió al descubrir lo feliz que es y todos se llevaron sus besos y lametones cada vez que le visitaban. 

¿Necesitaba Mickey ser rehabillitado? ¿Era un perro violento tal y como le habían etiquetado legalmente? Esto es lo que explica Keeney, el policía que ha trabajado un año con él, enseñándole cómo andar con correa, como soltar juguetes o comida, evitar mostrarse dominante ante otros perros, etc. "Mickey es uno de mis favoritos, uno de los mejores perros que hemos tenido en la unidad. Le echo de menos cada vez que alguien habla de él. Era tan peligroso como una mosca, no había ni ápice de maldad en su cuerpo. ¡Si podía meter mi mano entera en su boca y quitarle la comida cuando estaba comiendo! ¡Es increíble cómo se puede comportar un perro cuando está siendo bien cuidado! Creo de todo corazón que Mickey fue víctima de maltrato animal o, cómo mínimo, desatención; una víctima de una mala situación".

En junio 2015, a Mickey le diagnosticaron un cáncer de piel, tras haber pasado sus primeros años de vida atado en el exterior, bajo el fuerte sol de Arizona sin ningún cobijo. Le enviaron a alguna clínica veterinaria, sin divulgar la dirección, para que pudiera ser tratado ahí. Sin webcam para que pudiera recibir tratamiento en calma. 

John me contó que Mickey tiene entre 6 y 7 interacciones con humanos cada día. Su habitación está llena de juguetes -algo que vi cuando le visité. A Mickey le miman y, según la gente que se ocupa de él, está en un lugar que es indudablemente mejor que el que tenía cuando vivía con su anterior dueño. 

Cuando le conocí estaba un poco apagado y al poco tiempo descubrieron que tenía displasia de cadera, para la que ahora recibe medicación. John, su abogado, se ocupa de pagar todas esas facturas. Y yo colaboro con una venta de fotos para ayudar a Mickey y John, podéis contribuir aquí, el 100% de lo obtenido irá para las facturas veterinarias de Mickey.

A lo largo de esta experiencia de conocer a Mickey, a su abogado y compañero John, a su educador el policía Keeney, de leer sobre su caso, me asaltaban las preguntas, muchas de ellas no encontrarán respuesta:

¿Están nuestros jueces y nuestro sistema legal equipados para determinar si un perro es realmente violento?

¿Si Mickey no hubiera sido un pit bull, habría sido tan controvertida la historia y tan acalorados los debates?

¿Habría recibido igual sentencia?

Y por último, pero no por ello menos importante, ¿es justo mantener a un perro encerrado durante toda su vida? Incluso si ahora su calidad de vida es bastante mejor que cuando estaba atado, sin recibir apenas ningún cuidado.

Esto se lo pregunté a John y esta fue su respuesta: "Mientras Mickey tenga una buena calidad de vida, la eutanasia está descartada."

El caso de Mickey ha sido el más difícil de su carrera. Cuando le pregunté porqué, la emoción fue evidente en su voz al contestar y había lágrimas en sus ojos: "Porque nunca podrá salir. Es muy duro verle y saber que nunca podrá salir. Me encantaría llevarme a Mickey a casa pero no puedo. Nunca ha mostrado ningún tipo de inclinación a morder. Me siento fatal porque no le veo capaz de atacar a ese niño. Fue un accidente. Pero por desgracia ahora ha sido catalogado como violento. Yo he decidido ocuparme de Mickey. Me siento mal por lo que le ha sucedido a él y al niño pequeño. Pero si yo no me ocupo de Mickey, ¿quién lo hará? Si yo no me hubiera involucrado, estaría muerto. Esa es la realidad. Él es mi responsabilidad."

Y esa es probablemente la lección de todo esto, que todos nosotros tenemos una responsabilidad hacia los perros. Algunos los llaman "los que no tienen voz". Gracias a John y a miles de personas en todo el país, Mickey tuvo una voz. Y pese a la tragedia sucedida, ¿de qué sirve echarle la culpa al perro? Los perros no entienden las cuestiones técnicas de nuestro sistema judicial. Los perros entienden la educación, la compasión, las reglas que nosotros les enseñamos. Los perros entienden las manos bondadosas que les acarician y les dan de comer.

 

Podéis leer el texto original, en inglés, en la web de Sophie Gamand.

Por cierto, tiene una tienda donde vende su libro con la serie de los perros mojados, un calendario con la serie de los pit bulls, merchandising y, cómo no, láminas con sus retratos perrunos.

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