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Historias de SrsPerros: Bruno -o más bien Pancho- y la importancia de poner el chip a los canes

Historias de SrsPerros: Bruno -o más bien Pancho- y la importancia de poner el chip a los canes

Elisa nos ha contado la historia de Bruno, un guapérrimo can al que ella llamó así hasta descubrir que tenía otro nombre. Un perro aventurero que a ella le cambió la vida y cuya historia deja otro mensaje clarísimo: es crucial ponerle el microchip a los perros y mantener actualizada esa información. Es la mejor y a veces la única manera de lograr que, en caso de que algún día se despiste nuestro perro, pueda regresar a casa. Ese minúsculo chip es el DNI de tu can, el que le asocia a ti y en el que pueden encontrar tu teléfono y tu dirección...

"A veces pienso que yo no encontré a Bruno, sino que él me encontró a mí. Porque así tenía que suceder.

Hacía tiempo que tenía la idea de comenzar a trabajar como voluntaria en una protectora de animales y, aunque no estaba muy convencida, decidí ir un día para ver un poco cómo funcionaba aquello. Cuando llegué, la presidenta de la protectora no se presentó, sólo gritaba al cielo la indignación y la frustración que sentía: horas antes habían dejado a un perro abandonado atado al recinto y sin avisar. No tenían sitio para él. Imposible, y más un perro tan grande. Aturdida me acerqué al fondo del recinto y ahí estaba él. Sólo giró su cabeza y me miró con sus grandes ojos.

No miento cuando digo que ningún perro jamás me ha mirado tan fijamente. Sinceramente, al principio temí, pero di un paso hacia delante sin apartarle la mirada y entonces fue cuando movió su colita.

En medio de tanto caos, dije que me lo llevaba yo, no estaba muy segura de dónde, pero yo lo cuidaría. Así empezó esta historia: de camino a casa durante el sufrido viaje que me dio fui escuchando una canción de Bruno Mars (origen de su nombre).

Dado que en casa me resultaba imposible, recordé que mis padres tenían un huerto que llevaban años sin pisar, así que esa sería su acogida temporal, además en secreto. Tuve que arreglar el vallado y también construirle una caseta, aunque ese fue el menor de los problemas.

Por alguna razón que desconozco el pobre estaba gafado: no sólo lo abandonan, sino que encima el psicópata del vecino intentó provocar que se escapara a petardazos y abriendo la puerta del huerto para que se escapara asustado en muchas ocasiones. Aquí vino la primera sorpresa: Bruno apareció en la puerta de mi casa, lloriqueando y buscándome.

Después de este incidente sólo vinieron más y más y más: intentos de adopciones fallidos, policía de por medio, peleas de perros con sangre incluida, discusiones con mis familiares, así como con el vecino, veterinario y un larguísimo etcétera. Después de todo esto apareció una posible adoptante "perfecta" que en breves se iba a ir a vivir a Francia!! y se lo llevaría con él: este fue otro gran chasco.

En todo este laaargo proceso el pobre Bruno cambió demasiadas veces de hogar: huerto con vallado antiguo, primer piso en el centro, segundo piso en el centro, casa en otro barrio, residencia canina, hasta al final lograr el ansiado hueco en los cheniles de la protectora.

Después de todo este proceso de tantas lágrimas, furia y frustración, yo ya había perdido bastante la esperanza y, de repente, un viernes por la noche a altas horas me llamó una compi de la protectora sobresaltada: "NO TE LO VAS A CREER!! BRUNO NO ES ABANDONADO!! TIENE DUEÑOS Y ACABAN DE RECLAMARLO"

Por supuesto comprobamos que todo era correcto, y le echamos la bronca a la familia por no ponerle el chip, pero creo que una de las mayores alegrías que he sentido nunca fue ver entrar a Bruno (en realidad se llamaba Pancho) en su precioso hogar: un gigantesco chalet con una familia que estaba deseando verlo.

Resulta que Brunito se había escapado (como hace otras veces pero siempre volvía) con la diferencia de que esta vez, alguien se lo había llevado (tienen como sospechoso a un hombre de los alrededores que roba perros para peleas) y finalmente lo habían dejado atado a la protectora.

Pero todos los malos tragos ya no importan, ni siquiera importaron en ese momento, porque él hizo magia, él sacó de mí todo aquello de lo que carecía. Bruno me convirtió en una persona mucho más responsable, independiente, deportista, cocinera, paciente, generosa, altruista, fuerte...  ASÍ QUE, LE DOY GRACIAS A ESE PERRO, POR HABER CONSTRUIDO DE MÍ UNA MEJOR PERSONA. BRUNO, GRACIAS POR TUS POLVOS MÁGICOS!!"

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