
El megaesófago canino es una enfermedad que afecta al esófago del perro: al estar excesivamente dilatado, los músculos no empujan la comida o el agua hacia el estómago. Esto quiere decir que el peludo no puede comer ni beber con normalidad (el alimento no llega al estómago, lo regurgita apenas haberlo tragado). Y, en paralelo, es peligroso porque puede aspirar alimento o líquido desde el esófago hacia los pulmones.
Puede ser congénito o adquirido, parcial o total y hay algunas razas que son más propensas a sufrir esta dolencia: Schnauzer Mini, Labrador y Golden Retriever, Pastor Alemán, Setter Irlandés, Gran Danés, Shar Pei...
Los síntomas del megaesófago canino incluyen: la regurgitación de comida, agua o mucosas, la dificultad para tragar, la pérdida repentina de peso, la neumonía por aspiración...
Es lo que le sucedía a Dark, este Schnauzer Mini al que podéis ver en la foto que encabeza el texto. En su caso, su familia pasó un buen calvario hasta que logró tener un diagnóstico correcto.
A lo largo de esos casi cuatro años de incertidumbre incluso les llegaron a sugerir que eutanasiaran a Dark, algo que para ellos era impensable, como nos cuenta su humano, Héctor Calderón. Pasaron por cuatro veterinarios diferentes hasta que, por fin, entendieron lo que le pasaba a Dark y empezaron a aplicar diversas estrategias para que el alimento llegara a su estómago, principalmente que pudiera comer sentado, en una Silla Bailey.
Ahora Dark, que tiene ocho años, disfruta plenamente de su vida. Y ha inspirado a Héctor a lanzar un proyecto con el que espera poder ayudar a otros perretes que puedan encontrarse en esa misma situación: Mega Dog.
Héctor y su socio, Juanjo Delgado, han diseñado -con ayuda de veterinarios y apoyándose en la experiencia vivida con Dark, una Silla Bailey propia.
En la web de Mega Dog se puede comprar pero, además, ofrecen consejos para otras familias cuyos perretes tengan megaesófago. La intención es ser una comunidad que preste apoyo en todas las etapas, porque no solo es importante lograr tener ese diagnóstico correcto sino que es muy útil conocer las estrategias que funcionan para manejar correctamente la enfermedad.
Lo que Héctor tiene clarísimo, a través de su propia experiencia con Dark, es que cuanto antes se tenga el diagnóstico, mejor, pero sin ninguna duda, un perro con megaesófago canino puede vivir una vida plena y feliz.
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