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Pasear al perro, actividad de riesgo ante el COVID-19 según un estudio de la Universidad de Granada

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A través de una encuesta a poco más de 2000 personas, investigadores de la Universidad de Granada y la Escuela Andaluza de Salud Pública han intentado comprender las variables que han podido llevar a la propagación del COVID-19 en España durante el confinamiento. Entre sus conclusiones, indican que "pasear al perro ha demostrado tener el efecto más fuerte al incrementar el riesgo en un 78%". Así mismo, la compra a domicilio (en vez de acudir al supermercado) aunque igualmente pudiera resultar contraintuitivo también se tradujo en una prevalencia significativamente mayor de la enfermedad.

Compartimos aquí los principales datos de este estudio -que podéis consultar íntegro en inglés aquí-  puesto que afecta directamente a los dueños de canes, mejor tener toda la información para evitar asustarse con titulares alarmantes.

La encuesta fue completada por 2086 personas, el 66% de ellas eran mujeres. La edad de más del 40% de los participantes oscila entre los 40 y los 54 años. 

El 23% de los encuestados tiene perro y de ellos, el 19,5% lo llevó a pasear durante el confinamiento. El 47,3% ha utilizado mascarilla quirúrgica al salir de casa y el 65,5% ha utilizado guantes como elemento de protección al salir.  

Solo el 4,2% de los encuestados ha utilizado el transporte público durante el confinamiento, el principal medio de transporte utilizado fue el autobús (2,4%) seguido del metro (1,5%). El 88,1% de los encuestados realiza estas compras en tienda y no online, evitando así el servicio de entrega a domicilio. Solo el 19,3% de los encuestados ha pedido comidas preparadas para casa.

Además, el 60,5% de los encuestados afirmó que había utilizado el comercio electrónico para adquirir otro tipo de productos no esenciales. Durante el período estudiado, solo el 28,5% de los encuestados acudió a su lugar de trabajo, lo que se realizó en espacios cerrados en el 92% de los casos. El 32,8% de los encuestados informó que convive con alguien que había tenido que trabajar en el lugar durante este período, realizado en el 83,7% de los casos en áreas cerradas.

¿Las conclusiones tras analizar los datos?

Después de ajustar por posible confusión entre las variables, solo pasear a los perros, vivir con un paciente con COVID-19, aplicar un producto desinfectante en los productos comprados en el mercado al llegar a casa, usar el servicio de entrega a domicilio y trabajar en oficina mostró un efecto significativo sobre el riesgo de COVID-19.

Específicamente, pasear al perro se asoció con un mayor riesgo del 78%, no desinfectar los productos aumentó el riesgo en un 94%, la compra de productos básicos a domicilio aumentó el riesgo en un 94% y trabajar en el ofcina en vez de teletrabajar se asoció con un riesgo 76% mayor. Vivir con un paciente con COVID-19 se asoció con un riesgo 60 veces mayor de contraer la enfermedad.

Textualmente explican:

"Particularmente relevante fue el hallazgo de una prevalencia estimada de la enfermedad significativamente mayor en el grupo de población que reportó haber paseado al perro durante el período de confinamiento, aumentando el riesgo de contraer la enfermedad en un 72%. Sin embargo, tener gatos u otros tipos de mascotas no tuvo un efecto significativo en la prevalencia estimada de la enfermedad.

Recientemente, Goumenou et al. sugirió que la posibilidad de transmisión a través de perros es un factor que contribuyó al brote extremo de COVID-19 en el norte de Italia (Goumenou et al., 2020). Se ha argumentado en su artículo editorial a Molecular Medicine Reports que resume que “i) A nivel mundial, hasta la fecha, solo se han confirmado 4 casos de perros afectados por Covid-19. Estos perros habían estado en contacto con personas infectadas; ii) los perros tienen un ACE 2 que funciona como receptor del SARS-CoV-2; iii) la ACE 2 de perro es similar a la ACE 2 humana; iv) la infección de animales por humanos y viceversa es plausible; v) no se dispone de datos para confirmar o excluir la posibilidad de tal infección de persona a perro y de perro a humano; y vi) todas las autoridades han propuesto medidas cautelares para tales casos ”.

Los resultados de la presente investigación también advierten de un mayor contagio entre los dueños de perros y esta mayor prevalencia aún debe dilucidarse. Teniendo en cuenta la baja posibilidad de diagnóstico en humanos, la posibilidad de diagnóstico en perros es extremadamente improbable.

Estos resultados apuntan a vivir con perros como un fuerte factor de riesgo de infección por COVID-19. si bien se necesitan estudios posteriores para determinar si la razón de este intenso aumento en el riesgo de infección por SARS-CoV-2 se debe a la transmisión entre humanos y perros, al concepto de perro como vehículo o al incremento del contacto con otros vehículos (es decir, objetos o superficies donde está el virus), al aumentar la exposición al virus por los comportamientos y hábitos antihigiénicos de los perros en la calle y su posterior regreso a casa."

Un punto adicional que nos parece importante mencionar: en este estudio y en sus preguntas o conclusiones no se incluye la posibilidad de que al salir a pasear al perro se pudiera entrar en contacto con otras personas, algo que podría ser justamente una fuente de contagios. 

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