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El ajo y los perros: un repaso a sus efectos beneficiosos así como a sus potenciales peligros

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El ajo ¿es malo o es bueno para los perros? Parece que depende de donde lo consultes te dicen una cosa u otra. Dado que es un condimento tan habitual en nuestra cocina, hemos querido consultarlo con el equipo veterinario de Nutro para salir de dudas. Y es que resulta que el ajo sí puede ser beneficioso para los perros puesto que puede tener efectos antifúngicos, antibióticos y antiparasitarios pero también hay que tener en cuenta que si se excede la cantidad recomendada, podría llegar a ser tóxico.

Patrocinado por Nutro.

Allium sativum, el ajo, es originario de Asia Central y el noreste de Irán,  es un condimento común en todo el mundo, con una historia de varios miles de años de consumo y uso humano. De hecho, se cuenta que fue utilizado como energizante en la alimentación de los obreros que construyeron las pirámides de Egipto y cuando faltó, se desató la primera huelga de la que se tiene noticia.

Es decir, desde hace mucho tiempo también, al ajo se le atribuyen propiedades medicinales diversas: antibacteriano, antifúngico, vasodilatante, etc.

Éstas y otras presuntas bondades del ajo también podrían beneficiar a nuestros perros siempre que nos ciñamos a las propiedades del ajo que han sido científicamente probadas, que son las que iremos desgranando a continuación.

 

 

Lo primero que queremos aclarar es que la toxicidad del ajo para los perros está directamente relacionada con la cantidad que ingiera el can. Porque el ajo no es malo en sí mismo sino que puede convertirse en un alimento peligroso si un perro come mayor canitdad de la recomendable según su tamaño.  

 

Beneficios del ajo para humanos y para perros

 

El intenso sabor y aroma del ajo son dos de sus principales características y, además, según la Fundación Española de Nutrición (FEN), este bulbo es rico en los siguientes componentes, de los que se puede beneficiar tanto nuestro organismo como el de nuestros perros:

- Vitamina C
- Yodo
- Fósforo
- Vitamina B6

Lo cierto es que si se analizan los efectos terapéuticos que se le atribuyen al ajo, la gran mayoría están relacionados con la alicina, un compuesto que se libera cuando se machaca o corta el bulbo del ajo que tiene demostradas propiedades antibióticas.  

Siempre hablando de ajo crudo -puesto que si se administra en polvo o seco, sus aportes nutricionales y sus propiedades terapéuticas se reducen, en el caso de los perros, el ajo -y la alicina- tienen las siguientes propiedades beneficiosas:

- antifúngicas
- antibióticas
- antiparasitarias

También se suele decir que el ajo ayuda a reducir la presión arterial y el colesterol, pero no hay ninguna prueba científica de que estos beneficios sean reales.  

Pero dado que hablamos de ajo crudo surge un problema, no es muy palatable para los perros: no suele gustarles su fuerte sabor y por eso suele ser complicado ofrecer ajo a un can. 

 

¿Porqué se dice que el ajo es peligroso para los perros?

 

Se ha extendido la creencia de que el ajo, como el chocolate, es muy tóxico para los perros.

Tras esta afirmación sí hay una base científica pero lo que no se suele aclarar es que es necesaria una cantidad considerable de ajo para que genere efectos adversos.

La alicina del ajo, como comentamos antes, actúa en el interior del organismo del perro como un agente bactericida y antiparasitario. El problema es que también destruye la flora intestinal. necesaria para una correcta digestión, así como los glóbulos rojos y por eso mismo se está estudiando si puede llegar a provocar anemia. 

Pero, de nuevo, para que esto suceda el can ha de ingerir una cantidad considerable, según los estudios que detallamos a continuación.

 

Estudios científicos sobre ajo y perros

Casi todas las pruebas contra el ajo para perros provienen de un estudio llevado acabo en el año 2000 en la Universidad japonesa de Hokkaido.

A cuatro perros se les administró 1,25 ml de extracto de ajo por kg de peso corporal durante siete días seguidos. Es decir, si el can pesaba 23 kg, se le daban aproximadamente 25 dientes de ajo crudos grandes.

Ninguno de los perros mostró síntomas de la presunta toxicidad del ajo y tampoco desarrollaron anemia pero sí se comprobó que había disminuido la concentración de glóbulos rojos en sangre. Aún así la conclusión de los investigadores fue tajante: “Creemos que los alimentos que contienen ajo deben evitarse para su uso en perros”.

Otro estudio publicado en 2004, también en Japón, concluyó que la alicina podría ser beneficiosa para la salud de los mamíferos, y no hubo informes de anemia hemolítica a pesar de las altas concentraciones de ajo proporcionadas.

Estos resultados alentaron a los científicos a revertir las anteriores recomendaciones. 

¿Entonces, cuánto ajo es bueno y cuánto es malo?  

El Instituto de farmacología veterinaria y toxicología de la Universidad de Zurich publicó en el año 2006 que la dosis tóxica para perros y gatos está en 5 gramos de ajo por kilo de peso corporal al día. Un diente de ajo pesa entre 2 y 3 gramos.

 

¿Un método natural para combatir las pulgas y garrapatas?

Es otro mito sobre el que hay opiniones encontradas. Hay quien sugiere que el ajo hace variar el pH de la sangre y que por eso es útil para combatir los parásitos externos... lo cierto es que no está científicamente probado que el ajo para perros sea un tratamiento eficaz contra las pulgas. La mejor y mayor protección contra los parásitos externos siguen siendo los productos como las pipetas o collares que encontramos en el veterinario. 

 

Cachorros y hembras gestantes

Hay dos casos específicos que requieren mención especial: el de las Hembras gestantes o en periodo de lactancia y el de los cachorros. 

Los cachorros no producen nuevos glóbulos rojos en la misma cantidad que los perros adultos y por eso es muy recomendable consultar a nuestro veterinario antes de pensar en incluir ajo en su dieta. E igualmente en el caso de las perras gestantes.

Por otro lado, durante la etapa de lactancia se cree que el ajo podría afectar el sabor de la leche materna y disgustar a los cachorros, aunque esta suposición no ha sido aún científicamente testada.

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