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Divorcios de parejas con perro, ¿quién se queda con el can?

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España es, explican en Fundación Affinity, el cuarto país de la Unión Europea con mayor tasa de divorcios (más de 160.000 al año) y dado que casi en el 50% de los hogares españoles hay un perro o un gato empieza a plantearse con cada vez más frecuencia el evidente y a veces desgarrador dilema sobre su futuro una vez que esa pareja se rompe. Y, paralelamente, cada vez más voces piden un cambio de legislación para que -como sucede en algunos países de la UE- se deje de tratar a los animales que conviven con nosotros como meras "cosas"; en Francia son reconocidos como seres sensibles. En España también se aprobó tramitar ese cambio pero la reciente y convulsa historia electoral ha hecho que la modificación del Código Civil quede en suspenso. Es decir, por el momento (septiembre 2019) los animales siguen siendo cosas para la ley.

La recomendación de los expertos es tratar de llegar a un acuerdo amistoso puesto que el Código Civil, en su artículo 333, considera que los perros o los gatos son "bienes muebles". Es decir, que son como una mesa o un jarrón, una propiedad "transportable" que puede ser reclamada por uno de los miembros de la pareja o compartida por ambos. 

Salvo si el can era de uno u otro previamente, puesto que en ese caso el tema queda zanjado de partida y el perro se irá con esa persona. 

Si no se llega a ningún acuerdo y se opta por la vía judicial, lo que el juez tratará de dilucidar es a quién pertenece esa "propiedad".

Cuando hay niños pequeños, dado su lógico apego al perro, es frecuente aunque no automático que la justicia determine que el can se quede con  al cónyuge que mantenga la custodia de los niños.

La primera vez que en España un juez otorgó la custodia compartida sobre un perro fue en 2010 y la sentencia, además de realmente novedosa, incluía detalles que -para los profanos en cuestiones legales- resultan muy llamativos: para dejar clara la importancia de los perros para los hombres, el juez, explican en Hoy.es, citó una leyenda de los indios americanos donde se cuenta que el Dios Nagaicho, cuando creó el mundo, ya tenía a un perro a su lado.  

Esa decisión judicial se tradujo en que Paquí, la mujer que había solicitado esa custodia compartida, pudo volver a convivir con Laude, el can que ella y su ex-pareja habían adoptado, en periodos alternos de seis meses.

Los expertos coinciden, lo ideal es alcanzar un acuerdo de custodia compartida.  Esta es la tendencia en los últimos años, según explica Teresa Giménez-Candela, Catedrática de Derecho UAB:

 

 

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