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Un estudio relaciona la agresividad canina y la microbioma intestinal de los perros

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Investigadores de Oregon State University han llevado a cabo un estudio con un grupo de canes (la mayoría Pit Bulls) rescatados de una red que organizaba peleas de perros. El objetivo era determinar si los perros que se mostraban más agresivos tenían algo en común, el tipo de microbios que había en su estómago. Y es justamente lo que han logrado probar: no es que unos microbios concretos sean la causa de la agresividad pero sí están directamente relacionados.

"La agresividad es un trastorno de conducta grave en los perros domésticos que pone en peligro tanto a los perros como a los humanos. Las causas subyacentes de la agresividad canina están mal resueltas y requieren ser clarificadas para garantizar una terapia efectiva.

Investigaciones recientes vinculan la diversidad de la composición del microbioma intestinal con la regulación conductual y psicológica en otros mamíferos, como los ratones y los humanos.", explican los investigadores, con Nicole Kirchoff a la cabeza.

Por eso mismo plantearon la hipótesis de que la composición del microbioma intestinal canino podría asociarse con la agresividad.

Y es justamente lo que han podido comprobar:

"Analizamos muestras de microbioma fecal recolectadas de una pequeña población de perros tipo pit bull incautados de una organización de peleas de perros. Esta población incluyó 21 perros que mostraron comportamientos agresivos específicos y 10 que no lo hicieron.

Los análisis de diversidad biológica apoyan una asociación entre la estructura del microbioma intestinal y la agresividad del perro."

También identificaron las diferentes bacterias intestinales encontradas en perros agresivos y perros no agresivos (Lactobacillus, Dorea, Blautia, Turicibacter y Bacteroides) puesto que algunos se han relacionado con la modulación del comportamiento de los mamíferos, así como en los estados de enfermedades gastrointestinales.

Las proteobacterias y las fusobacterias fueron más abundantes en términos relativos en los perros que no se mostraban agresivos, mientras que encontraron abundantes muestras de Firmicutes en los canes más agresivos. 

Los resultados y las conclusiones del estudio son claras pero aún así limitadas puesto que se trata de una muestra pequeña. Pero los hallazgos de estos investigadores sí indican que los microorganismos intestinales están relacionados con la agresividad y apuntan a un estado fisiológico asociado con la agresividad que interactúa con el microbioma intestinal. "Estos resultados también indican que el microbioma intestinal puede ser útil para diagnosticar conductas agresivas antes de su manifestación y discernir etiologías crípticas de la agresividad."

"La agresividad está realmente estigmatizada", explica Monique Udell, coautora del estudio y investigadora de comportamiento animal en la Facultad de Ciencias Agrícolas de OSU. Tiende a ser visto como un defecto del animal individual. Pero también es importante considerar la agresividad y otros síndromes de comportamiento en términos de fisiología. Tal vez hay causas fisiológicas subyacentes que podemos abordar, o si no, puede que haya factores predictivos de comportamiento con implicaciones fisiológicas ".

"No mostramos una relación de causa y efecto entre el microbioma y la agresión, pero hemos encontrado que es un vínculo correlacionado", aclara otro de los investigadores, Thomas Sharpton. Es decir, podría ser que el microbioma contribuya a generar agresividad en los perros, por eso se necesita realizar nuevos estudios en este sentido.

Podéis leer el estudio completo aquí, en Peer J

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