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Las personas que cuidan de perros enfermos y el riesgo de que sufran estrés, ansiedad y depresión

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Un reciente estudio llevado a cabo por el Colegio de Veterinarios Británicos, el British Veterinary Association, ha analizado una cuestión realmente importante y que, normalmente, no recibe la atención que debiera: el efecto que tiene sobre una persona el cuidar de su perro cuando tiene una enfermedad grave, crónica o terminal.


El síndrome del cuidador o síndrome del cuidador quemado, es decir el desgaste emocional y físico que puede sentir una persona que está ocupándose de un familiar enfermo, afecta igualmente a los humanos perrunos, según han comprobado los responsables del estudio.

Han evaluado el síndrome del cuidador y la función psicosocial en 238 propietarios de un perro o gato, comparando a los que convien con animales enfermos crónicos o terminales y a los que conviven con perros y gatos sanos.

Los resultados son claros: aquellas personas que afrontan diariamente la enfermedad de sus canes o mininos sufren mayores niveles de estrés y ansiedad, tienen síntomas de depresión y, en general, peor calidad de vida.

"Los dueños de un animal de compañía enfermo exhiben el síndrome del cuidador quemado, algo que está ligado a un funcionamiento psicosocial más pobre."

Tener esto en cuenta puede ser de ayuda para los veterinarios: para que sean más empáticos y sepan cómo manejar de manera más efectiva la angustia de sus clientes.

Un estudio relacionado, llevado a cabo en la Universidad de Copenague en 2015, constató tanto las similitudes con los cuidadores de familiares enfermos como las diferencias, principalmente el nivel de apoyo disponible y la posibilidad de optar por la eutanasia.

"Los cambios en la relación humano-perro y el nivel de actividad causan tristeza y frustración, lo que a su vez puede dar lugar a sentimientos de culpa, y en algunos casos crear una sensación de pérdida. Además, la preocupación ante el progreso de la condición del perro, su bienestar y la eutanasia conlleva angustia emocional y muchas dudas."

El problema adicional es similar al que se presenta ante un duelo: la incomprensión de todos aquellos que no entienden la profundidad del dolor que se puede sentir ante la muerte de un perro o la visceral conexión que se puede tener con un animal.

Es decir, mientras que es posible hablar sobre el síndrome del cuidador quemado cuando esa persona se está ocupando de un humano, mientras que ellos sí suelen tener más apoyos y comprensión, los que se enfrentan a la enfermedad crónica o terminal de su perro se encuentran mucho más solos por lo que el riesgo de que tengan ansiedad, depresión o estrés es aún mayor.

Además, cuando un can está malo lo suele demostrar con todo su cuerpo, sin palabras pero alto y claro, algo que sin duda afecta a su familia marcadamente. De ahí las dudas sobre si se está haciendo lo correcto, el miedo a tomar una decisión que nadie quiere tomar, la posible eutanasia de un can... De ahí el sentimiento de culpa.

Por ello es crucial tener presente ese posible desgaste emocional y físico, cuidarse para poder cuidar bien de nuestro perro.

Los expertos aconsejan afrontar la situación igual que si uno estuviera cuidando de un familiar enfermo:

- Hay que tratar de comer bien y dormir las horas suficientes.

- Reservar tiempo para hacer ejercicio y también para actividades que nos permitan relajarnos, disfrutar, desconectar.

- Buscar grupos de apoyo, quizá a través de redes sociales o a través de otros dueños de perros: poder hablar con personas que están pasando por una situación similar es una enorme ayuda.

- No tener miedo a expresar las emociones que podamos sentir: dolor, pena, rabia, culpa...

- Y, por supuesto, buscar ayuda profesional si empezamos a pensar que la situación nos supera: insomnio, agotamiento emocional, pensamientos negativos, dolores de cabeza o estómago, irritabilidad constante, negatividad... son síntomas del síndrome del cuidador quemado. 

 

 

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