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Tomi, Tomillo: de perro de caza abandonado a perro de casa feliz

Tomi, Tomillo: de perro de caza abandonado a perro de casa feliz

Tomillo es todo un SrPerro, aire serio, mirada hipnótica y, en cuanto puede, nariz al suelo para rastrear tan feliz por la ciudad moviendo el rabillo. Es simpático y cariñoso, guapo... tela de guapo. Le apasiona perseguir palomas y estar junto a su humana. Colega y yo hemos coincidido con él y con Maite unas cuantas veces y por eso le pedí que nos contara cómo llego a su vera...

 

Y ésta es la historia de Tomillo:

"Era el año del Señor de 2009 y estaba haciendo el curso de Educador Canino en Bocalán. Mientras estábamos en la pista haciendo prácticas, escuché a una profesora gritando quién había dejado a su perro suelto (en el centro tienen que ir con correa). Era un bretón y resultó que no era de nadie... Estaba perdido y se había metido en la finca.

Le engancharon una correa al collar mugriento que llevaba y le dieron agua y salchichas. Tenía una foto de ese momento, pero la perdí con otras cientos de fotos, cuando se me fastidió el disco duro. Era la mitad de perro que ahora. No es que estuviera famélico, es que estaba encogido.

Me acerqué a saludar y nos gustamos a instante.

Una de las profesoras del centro decidió que se lo quería quedar y me pidió que me lo llevara a mi casa 15 días, ya que estaba de mudanza.

Lo metí en el coche y me lo traje a Madrid. De camino vomitó unas mil veces, restos de huesos de animales pequeños y matas de plantas leñosas tipo tomillo. Estaba hecho un asco, el pobre.

Además de solo, malo y asustado, también sufrió un chapuzón en la máquina de lavar perros de la gasolinera de Atocha (todo de los más sórdido) y la primera de una larga de lista de visitas al veterinario.

El nombre que figuraba en el chip era de un señor que se desentendió del perro porque se lo había regalado a un veterinario. 

Se llamaba Tobi.

Me lo traje a casa y de camino llamé a una protectora y me explicaron cómo presentar al perro a mis gatos (por entonces tenía dos) lo que me salvó de un drama seguro.

Le puse una manta y agua en un cuarto y cuando se tumbó, te prometo que me dio las gracias y me dijo lo cansado que estaba.

Lo llevé a VEPTA. Otitis y gastritis. No recuerdo cómo pero el veterinario consiguió el teléfono de su colega, el que se había encargado de regalar a Tomi. Él, supimos, se lo había regalado a otra persona a la que logré localizar...

No se puso muy contento. Ni mucho ni poco. Me dijo que se lo habían robado y que había puesto la denuncia, el muy pájaro. Así que le pregunté si él quería al perro y me dijo que no, porque lo tenía en una finca para cazar, y le daban miedo los tiros. Feliz, le dije que yo me lo quedaba y que me firmara los papeles. Lo arreglamos en un minuto. Me quedé con las ganas de decirle de todo.

Quedé con el el en una zona industrial. Todo muy Ken Loach. Me firmó la cartilla y respiré. Tomi (De Tobi+Tomillo que te vomito por todo el coche) ya era mío. La profesora de Bocalán había cambiado de opinión.

Me lo pude llevar al curso todos los días y luego al de la Complutense (no se quedaba tranquilo en casa y tuve que ir poco a poco, llevándomelo a todas partes) y así seguimos adelante...

Y de ser un perro de cerámica (no reacciono no sea que haga algo mal y me casquen) ahora es un dove killer."

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