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Las aventuras de Vulcan, la perra motera: 7 años y mas de 80.000 km entre sus patitas

Las aventuras de Vulcan, la perra motera: 7 años y mas de 80.000 km entre sus patitas

Hay nombres inspirados y luego está lo de Vulcan, comprobado :-) Es una de las perras más aventureras y viajeras de España, con permiso de Hippy y de Duke, y se puede decir que su destino empezó a escribirse el día en que su familia la adoptó -cuando tenía poco más de un mes- y decidió llamarla Vulcan porque ellos son moteros y en ese momento tenían una Kawasaki Vulcan 900. ¿Cómo no iba a aficionarse a la carretera con ese nombre? Es feliz sintiendo el aire en su trufa y acompañando a sus humanos por doquier, dándonos mucha envidia perruna y humana a los demás: aquí nos cuentan su historia y sus aventuras este verano. Seguro que os gusta seguir sus nuevos viajes a través de instagram y facebook.

"Tenemos otra perra adoptada Cala, que cada vez que arrancas se marcha y no quiere saber nada de moto, no le gusta ni su ruido, ni nada relacionado con la moto... pero Vulcan siempre se quedaba e intentaba subirse a pesar de su ruido.

Un día decidimos probar, así que -después de informamos bien sobre si se podía llevar perros en moto- compramos y adaptamos una mochila sobre deposito para poder llevarla. Pusimos la mochila y ¡casi no hizo falta decirle arriba que ya estaba intentando subir con sus mini patitas!

Dimos una pequeña vuelta por el pueblo y vimos que iba encantada: asomaba la cabeza y la bajaba para morder el aire. Cuando llegamos a casa se la veía feliz. A partir de ese día, siempre que arrancabas la moto, ella era la primera en subir, ¡no fuera a ser que la dejáramos en tierra!

Desde aquella vez nunca mas se ha quedado en casa sin salir a rodar con nosotros (Porque si se entera que te has ido si ella se come la esquina de un cojín demostrando su enfado) lleva 7 años y mas de 80.000 km entre sus patitas, recorriendo España y Europa.

En las concentraciones de motos ella es una más. Al principio todos se quedaban alucinando al vernos llegar -ya que no es nada usual ver un perro en moto-, luego hablan con nosotros, le sacan un millón de fotos y ven lo bien que lo pasa y cómo se baja y sube ella sola a la moto sin decirle nada... Cuando hay mucha gente y se despista, sabes donde la vas a encontrar: tumbada debajo de la moto.

Cuando nos decidimos a cambiar de moto, lo primero fue llevar a Vulcan y probar a ver si ella iría cómoda. Una vez pasada esa prueba, a ella le compramos la mochila bagster friendy que es especial para mascotas.

Este verano hemos hecho 6.425km, recorriendo Francia, Suiza, Italia y algo de Austria hasta llegar a los Dolomitas: allí subimos en varios teleféricos que nos subieron a 3365m hasta llegar a la Marmolada.

Donde estábamos hospedados en la zona de comedor no dejaban entrar perros pero hicieron una excepción y nos pusieron en una mesa para que desayunáramos todos juntos sin tener que ir a turnos. 

Hicimos muchos Puertos y en cada alto, cuando parábamos, los moteros se quedaban alucinados viendo la matricula y mirando para Vulcan; no daban crédito de los km que llevaba la perra hechos.

Como dejaba a Vulcan corretear y disfrutar de las montañas y así estirar las patas, la gente nos veía jugar con ella y se quedaban hablando pensando que estaba abandonada. Como nos veían vestidos con la ropa de moto ¡no se esperaban que estuviera de viaje con nosotros! Al final muchos acababan haciéndole fotos y se marchaban riéndose.

En uno de los puertos, Vulcan se hizo daño en una pata y como iba cojeando se nos acerco un chico que resultó ser veterinario. Le miró la pata y nos dijo que se había ortigado (aunque allí era otra planta): él nos contó cómo tratarlo y se le pasó.

De los Dolomitas fuimos hacer el famoso Passo dello Stelvio, fue súper duro pero ¡lo conseguimos! Y luego fuimos a un albergue a Forte di Oga, cerca de Bormio, y eso era el paraíso de los dueños y de los perros: los canes entraban y salían sueltos, entraban en el comedor sueltos sin ningún problema, los perros del albergue dormían encima de un banco dentro del bar, perros, gatos y personas en armonía sin quejas ni malas miradas, sino con caricias, chuches y carantoñas.

Fuimos un día de lluvia a Livigno un pueblo muy pequeño, allí mi marido entro en una tienda y, como es nuestra costumbre, yo me quede con Vulcan fuera en la puerta. Y entonces, de repente, la señora de la tienda le dice a mi marido que espere un momento, viene, me toca el hombro y me dice que puedo pasar. Le señalo y le digo que si Vulcan puede pasar y me contesta: "Primero los perros y después las personas, que son mucho mas amables los animales que muchas personas".

En todos los sitios que parábamos a tomar algo en Italia antes de atendernos le traían un cuenco con agua para Vulcan y después nos atendían a nosotros.

Cuando íbamos ya de vuelta para casa fuimos a Carcasona, en Francia: allí también pudimos entrar con ella dentro y recorrer casi todos los rincones, y menos mal que venia con nosotros porque sino es por ella seguimos allí perdidos. Antes de volver a España y ya que estábamos cerca no podía faltar ver Andorra, allí entramos en una tienda de equipación de moto y al final se canso de andar y se quedo tumbada descansando mientras nosotros mirábamos la tienda.


En todo el viaje nunca tuvimos problema por entrar con ella a comprar, dormir, cenar... En Gap (Francia) incluso entramos con ella dentro de un McDonalds para cenar.

En el passo Falgarezo había un autobús de chinos y no sé cuantas fotos le sacaron a Vulcan en la moto. Nosotros solo oíamos los clic clic clic de sus cámaras jejeje. Al final, cuando yo ponía a Vulcan para sacarle una foto giraba la cabeza como: No mas fotos por favor, jejejeje."

+ Vulcan en Instagram y Vulcan en Facebook


 

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