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Salud perruna

La terapia hormonal en un perro castrado logra mejoras significativas en su salud y comportamiento

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En todo el mundo se recomienda la esterilización o castración de los perros para evitar el abandono y el sacrificio de animales sanos puesto que las camadas indeseadas siguen siendo una de las principales causas por las que un can acaba en una protectora o perrera. Además, múltiples beneficios de salud se asocian a esta intervención (sobre todo cuando se hace a la edad adecuada y no de forma excesivamente temprana) que es relativamente sencilla.

En paralelo, sin embargo, hay estudios que muestran algunos efectos adversos: la castración puede generar obesidad o, sobre todo cuando se realiza demasiado temprano, incontinencia urinaria y ciertos estudios indican que los problemas cognitivos y de comportamiento son más comunes en los perros esterilizados y castrados. Es probable que esto se deba a que los mecanismos de retroalimentación hormonal natural no se regulan en los perros castrados.

La relación entre las hormonas sexuales, la salud y el bienestar pueden verse influenciadas por muchos factores, incluido el sexo, la raza, la edad y el entorno del perro, explican desde Parsemus Foundation, responsables de este estudio sobre los efectos de la terapia hormonal.

Es por ello que algunos dueños de perro optan por la histerectomía o vasectomía canina para así ser responsables evitando por un lado las camadas indeseadas pero también evitando posibles problemas de salud asociados a los cambios hormonales.

Dado que eso no siempre es posible, sobre todo al adoptar un perro en una protectora, el caso de Toby resulta interesante -aunque, como bien dicen los propios autores del estudio, no se puede extrapolar a otros canes dado que es un caso individual.

Este mestizo fue adoptado a los 7 meses de edad. Fue castrado antes de ir a su nuevo hogar, como sucede en la mayoría de protectoras. 

El perro joven llegó siendo activo, sano y sociable pero su salud se deterioró rápidamente durante los meses siguientes. Cuando tenía un año de edad, lo llevaron al veterinario para tratar la movilidad reducida, la cojera en la cadera derecha, el rápido aumento de peso y el miedo a personas desconocidas.

El equipo veterinario trató a Toby durante los siguientes tres años con analgésicos, suplementos para las articulaciones, tiroxina, antidepresivos y restricciones significativas en la dieta. La administración frecuente de carprofeno y los complementos articulares diarios ayudaron a reducir la cojera, pero la movilidad seguía siendo deficiente. El peso se estabilizó con una dieta estricta, pero el miedo y la ansiedad con los extraños continuaron empeorando.

A los cuatro años de edad, los dueños de Toby ya no podían sacarlo de la casa debido a su extrema ansiedad, y su incapacidad para correr y saltar exacerbó su condición de sobrepeso. Cuando se adoptó un nuevo perro más joven, los déficits de salud de Toby fueron aún más evidentes, ya que no podía correr ni jugar.

Fue en este momento cuando su familia, en colaboración con la Dra. Michelle Kutzler, teriogenóloga veterinaria de la Universidad Estatal de Oregon, tomó la decisión de probar la terapia hormonal para restaurar sus hormonas a un nivel normal.

Los perros machos castrados tienen niveles muy bajos de testosterona y pueden tener niveles altos de LH. El nivel de LH de Toby fue tres veces más alto de lo que es normal para un perro castrado.

Comenzó con un régimen de inyecciones semanales de testosterona, que aceptó fácilmente con un entrenamiento de refuerzo positivo. En tres meses, el tratamiento aumentó significativamente la masa muscular, redujo la cojera y mejoró la movilidad. El miedo y la ansiedad disminuyeron un poco. Sin embargo, su concentración de LH no bajó a niveles normales, por lo que se implantó un agonista de la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH). El tratamiento hizo que los niveles de testosterona y LH del perro volvieran a la normalidad y continuaron las mejoras de salud.

Después de la terapia de restauración hormonal, el apetito de Toby se redujo y el miedo a las personas se volvió manejable. Los dueños de Toby ahora lo llevan a pasear por los parques públicos y él no tiene problemas para correr, saltar y mantenerse al día con el otro perro de la familia. No hubo efectos secundarios conocidos y los propietarios quedaron satisfechos con el resultado. Se le ha continuado con el tratamiento, con su salud monitoreada a través de análisis de sangre estándar, niveles de testosterona y LH y exámenes de próstata.

Si bien los datos de un animal individual no se pueden generalizar a otros perros, los autores esperan que fomente el diálogo y más investigaciones sobre el tema de la terapia hormonal para perros esterilizados o castrados.

Dado que en la mayoría de casos la castración sigue siendo la opción más responsable, si tienes cualquier duda deberías hablarlo con tu veterinario que es quien mejor te podrá asesorar.  

 

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