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Salud perruna

¿Cómo vive un perro de terapia su trabajo? ¿Disfruta las interacciones o más bien se estresa?

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Los perros de terapia están presentes en cada vez más ámbitos, en hospitales, en juzgados, en colegios... Sin embargo, solo hay un puñado de estudios que se han centrado en el impacto de la actividad asistida por animales o las sesiones de terapia en el bienestar de los perros puesto que la gran mayoría suelen analizar los beneficios para las personas. De ahí la importancia y utilidad de este nuevo estudio de Mayo Clinic que busca analizar los efectos de estas interacciones en los propios perros.

Para comprobar los efectos de su trabajo sobre los perros de terapia se han tenido en cuenta múltiples medidas fisiológicas que se sabe que están asociadas con el estado emocional (frecuencia cardíaca continua, variabilidad de la frecuencia cardíaca, antes y después de la sesión temperaturas de la membrana timpánica y concentraciones salivales de cortisol y oxitocina).

En el estudio de Mayo Clinic han participado 19 perros de terapia (debidamente entrenados) que completaron cinco visitas de actividad asistida con animales de 20 minutos cada una. Las sesiones tuvieron lugar en un entorno clínico ambulatorio (Clínica de Fibromialgia y Fatiga Crónica de Mayo Clinic).

Todos los canes forman parte del programa de Caring Canine de Mayo Clinic, como los que podréis ver en este vídeo:

La muestra es pequeña, sin duda, pero los resultados son positivos, prometedores e interesantes: Desde una perspectiva fisiológica, los perros mostraron una respuesta neutral a positiva a las sesiones de IAA.

La frecuencia cardíaca (FC) fue significativamente menor al final de la sesión en comparación con el comienzo de la sesión (F = 17.26, df1 = 1, df2 = 29.7, p = 0.0003). La temperatura correcta de la membrana timpánica fue menor después de la sesión (F = 8.87, df1 = 1, df2 = 107, p = 0.003).

Todos los demás indicadores emocionales se mantuvieron estables entre antes y después de la sesión. Por ejemplo, se ha demostrado que la oxitocina aumenta después del comportamiento afiliativo entre personas y perros. Los niveles de oxitocina, por tanto, pueden ser utilizados para evaluar las interacciones sociales o la ansiedad. En este estudio no hubo diferencias significativas en las concentraciones de oxitocina salival antes y después de la sesión, lo que sugiere que el estado emocional de los perros se mantuvo estable.

Todos los resultados sugieren que los perros no se vieron afectados negativamente por su participación en la terapia.

Incluso hubo alguna evidencia que sugiere que los perros pueden haber estado en un estado más relajado al final de la sesión (ritmo cardiaco más bajo y temperatura de la membrana timpánica más baja) en comparación con el comienzo de la sesión.

Es decir, los perros de terapia que han participado en este estudio no solo no se estresan con su trabajo sino que terminan las sesiones estando más relajados que cuando las comenzaron.

 

PD La foto que encabeza el texto es de Senior Airman Brittany Paerschke-O’Brien (Fuerzas Armadas de EEUU)

Vía Psychology Today.

 

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