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Un fuerte vínculo con un perro puede tener efectos positivos pero también negativos para la salud mental

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Última actualización del articulo el día 19/09/2022

Los canes casi siempre nos aportan multitud de alegrías y tienen un efecto beneficioso sobre nuestra salud. Eso lo sentimos la mayoría de personas perrunas cada día y la ciencia lo ha comprobado a través de incontables ejemplos.

Ahora un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Liverpool en el Reino Unido y de Purdue en EEUU ha puesto el foco sobre la salud mental y ofrece una nueva perspectiva sobre esta cuestión: un fuerte vínculo con un perro tiene indudables beneficios pero también podría estar asociado a niveles más altos de ansiedad o depresión.

Este estudio de alguna manera puede alertarnos ante esa idea de que los perros son una tirita que todo lo cura. Su mera presencia a nuestro lado no tiene porqué resolver problemas de salud mental o ansiedad, en algunos casos podría incluso empeorarlos, algo que sería importante tener en cuenta antes de tomar la decisión de adoptar un can.

El objetivo era investigar la relación entre el vínculo con un perro y el bienestar mental en las personas. 

Y los resultados que han obtenido tras analizar las respuestas de unas 1700 personas perrunas parecen inicialmente, según reconocen los propios investigadores, un tanto contradictorios: los que tienen una relación cercana con sus perros se sienten más apoyados emocionalmente y tienen un mayor sentido de compañía, pero esto no se traduce necesariamente en niveles más bajos de ansiedad y depresión.

Los perros, confirman en este estudio, aumentan el bienestar hedónico y eudaimónico de sus dueños al ayudarlos a disfrutar y sentirse aceptados, a sentir que tienen un propósito y a obtener logros concretos.  

Las actividades realizadas con los perros actúan como motivadores para relaciones interpersonales más positivas, dan sentido y estructura a las vidas de muchas personas y las ayudan a “crecer”.Los perros muestran apoyo y cariño a sus humanos y los hacen sentirse valorados a través de las responsabilidades del cuidado.

Por el contrario, gestionar los problemas de salud de los perros o los problemas de comportamiento así como algunas actividades relacionadas con el día a día pueden percibirse como una carga, algo que "afecta negativamente el sentido de autonomía y las oportunidades para conocer a otras personas". Además, preocuparse por el futuro del can pude generar ansiedad. 

Esta carga del cuidador puede generar sentimientos negativos como frustración, agotamiento y, en particular, si los dueños perciben que no están satisfaciendo las necesidades del perro, pueden sentirse culpables y poco capaces.

Por lo tanto, dependiendo de la persona, del can y de su relación, tener un perro puede afectar positiva o negativamente el bienestar mental de esa persona.

Eso sí, advierten los autores del estudio: hay que tener en cuenta que no es descartable que las personas que ya tienen depresión o ansiedad tengan más probabilidades de tener un perro para controlar sus síntomas y/o estén más inclinados a volverse más fuertemente apegados emocionalmente a sus perros.

 

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