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Cómo un perro de rescate huele el mundo y sigue un rastro: la fascinante nariz canina

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Gracias a Zinka, una perra de búsqueda y rescate, los investigadores de el Odor Navigation Project han analizado cómo se dispersan los olores con el tiempo y cómo el cerebro perruno descifra información sobre el mundo invisible de olores que nos rodea y que ellos pueden detectar con infinita mayor precisión que nosotros, los humanos.

Perros de búsqueda y rescate en acción: el poderoso olfato canino al servicio de los humanos

La capacidad olfativa de los perros fascina a los científicos, de ahí que haya un buen número de estudios en marcha para intentar analizar y canalizar su poder.

Y es que se calcula que su capacidad olfativa es entre 10,000-100,000 veces más potente que la nuestra.

Los perros tienen alrededor de 15 veces más neuronas olfativas que envían señal se ces sobre los olores al cerebro. Las neuronas en la nariz de un perro se extienden sobre un área mucho más grande y enrevesada, lo que les permite descifrar más fácilmente sustancias químicas específicas en el aire.

Su trufa es húmeda, como todos sabemos: esto es así porque secreta una mucosidad que atrapa los olores en el aire y en el suelo. Cuando un perro se lame la nariz, la lengua lleva esos olores a la boca y le permite probar esos olores. La mayoría de los perros se enfrían jadeando, pero la mucosidad en la nariz y el sudor de sus patas se enfrían por evaporación.

Además, su nariz tiene hendiduras laterales que permiten que el aire exhalado se ventile hacia los lados y hacia atrás. Así, los perros olfatean unas cinco veces por segundo.

El aire que se mueve hacia la parte posterior del perro crea una región de baja presión de aire en frente de él. El aire de delante del perro se apresura a llenar esa región de baja presión. Eso permite que la nariz traiga olores del frente de manera activa y evita que el aire exhalado contamine las nuevas muestras.

Aquí podéis ver a Zinka en acción, a través de un sencillo experimento organizado por Judy Jinn de UC Berkley. En esencia nos muestran cómo trabaja un perro de búsqueda y rescate.

En este caso una persona había recorrido una ruta preestablecida a lo largo de senderos entrecruzados en un parque. Colocaron un GPS y otros sensores en el arnés de Zinka para ver cómo seguía esa pista. 

El humano tenía una hora de ventaja aunque podrían haber llevado a cabo el experimento más tarde, incluso días después puesto que los perros entrenados como Zinka en búsqueda y rescate pueden seguir un rastro días después. 

Comprobaron que el can podía seguir el rastro más de cerca en condiciones de humedad lo que les lleva a pensar que es justamente la humedad lo que ayuda a atrapar las partículas de olor en el suelo y en la vegetación en lugar de dejar que el viento las arrastre. Aunque no está 100% claro qué es lo que están oliendo exactamente los perros, Jinn cree que detectan rastros de vapores emitidos por pequeñas cantidades de células muertas de la piel, el cabello y el sudor que las personas derraman mientras caminan.

Hay muchos otros estudios científicos en marcha analizando el poderoso sentido del olfato de los perros incluyendo el trabajo de Lucia Jacobs, también con Zinka en UC Berkley.

 

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